miércoles, 23 de julio de 2014

NUESTRA ÚLTIMA CONVERSACIÓN

– Me voy – me dijo ella. 
– ¿A dónde irás? – le dije yo 
– A casarme con el – me respondió. 
– ¿Hablas en serio? – le pregunté 
– Claro que si – me contestó. 
– Pero, ¿estás segura que el es para ti? – Le dije – Ambos sabemos que tu ni siquiera lo amas, ambos sabemos que la lástima es lo que te hace estar con él. 
– Es cierto – Me dijo sin mirarme – no lo amo, pero sin embargo siento que el si me ama, y me gusta sentirme amada. 
– Pero ¿No se supone que para casarse deben amarse los dos?– le cuestioné. 
– Es cierto – me dijo entre lágrimas – pero al menos me siento bien a su lado, siento que no importando lo que soy, soy importante para alguien más, nunca antes me había sentido amada, y siento que es reconfortante para mí el sentirlo, por primera vez alguien me hace sentir bien con poco, esperando nada de mi; pero aunque mi amor no es para él, espero que poco a poco la lástima que por él siento ahora evolucione algún día a un sentimiento de amor... 
Se secó las lágrimas, y miró al cielo, y sin dejar de mirarlo continuó diciéndome 
 – Sabes que lo nuestro es una ilusión, una fantasía y un juego de niños, por más que yo lo quiera o yo lo desee, no me quedaré nunca al lado tuyo, porque tú no eres para nadie, porque tú no sabes lo que es el amor. 
– El amor es solamente una palabra –traté de explicarle– una trampa de la naturaleza para que el ser humano como especie no se extinga, una emoción pre programada en el inconsciente y la biología de todo ser humano, para que no dejemos de reproducirnos.... Vamos bebé, que aquí está lo bueno, no seas necia. 
– ¡No entiendes nada! – me gritó– es mejor que sigamos por caminos diferentes. 
– No puedes ser feliz a lado de quién no quieres – Le dije. 
– ¿Quieres seguir a mi lado? – preguntó – yo creo en el matrimonio, solo debes creerlo igual que yo, y decidir caminar a mi lado por siempre, si te decides a que nos casemos y formalmente seamos esposos, no dudes que permaneceré por siempre a tu lado, pero debes quererlo, debes querer ser mi esposo, y por fin madurar. 
–Sabes que yo no creo en el matrimonio – Le dije – sabes perfectamente lo que yo creo de esa farsa que trata de legitimar en un papel lo que dos personas sienten, como si de un acuerdo contractual se tratara. 
– No me importa lo que pienses, quiero lo que hacen todas las mujeres que aman a sus hombres – dijo ella 
– Eres una tonta – le dije muy triste – pensé que eras diferente a la mayoría, pero resultaste ser solo una más del montón que se está dejando llevar por las absurdas tradiciones y el comportamiento ciego de las masas. 
– No importa –dijo ella – si quieres que sigamos juntos, debemos casarnos. 
– Bueno – dije sarcástico – solo me queda desearte que seas feliz permaneciendo a su lado hasta que la muerte los separe, y tal vez hasta te lleve flores a tu boda. Tal vez hasta me vaya a tomarte fotos, tal vez hasta haga un brindis por ti, pero nunca me retractaré de mis ideales. 
– No puedo creer que yo no signifique tanto para ti – me dijo. 
– Te equivocas, tu significas todo para mí – contesté furioso –  pero me has decepcionado, yo pensaba que al igual que yo, creías en el amor libre, pero no es así, no confías en mí, no crees que yo soy capaz de dar todo por ti, no crees en lo que siento, desconfías de mí, y por eso sientes necesidad de que un tonto funcionario en papeles legitime lo que ya decidimos libremente, ¿quiénes son ellos para saber lo que sentimos? ¿Quiénes para dar por formal nuestro amor? No son nadie, y ni siquiera saben ellos lo que es amar de verdad – bajé la mirada y apreté los puños, y la tristeza me golpeó el pecho, y luego continué diciéndole – seguramente luego pedirás una ceremonia religiosa, pedirás que sea la iglesia quien también dé su visto bueno... La iglesia que ilumina.... Sabes que la única iglesia que me ilumina es la que arde. 
– Eres como siempre, veo que a tu lado no podría ser feliz – dijo ella, me dio la espalda y se alejó. 
– No importa, siempre me quedarán las putas – le dije mirándola a la espalda mientras se alejaba y ella continuó alejándose, mientras yo saqué un cigarro de mi bolsillo y lo prendí. 
– Bahh – me dije – renunciar a mi libertad por ella, cómo se le pudo ocurrir... Estoy seguro que a pesar que estará casada, igual continuaremos con lo nuestro, no perdí nada, ese tonto solo le dará un hogar y una familia, mientras que siempre volverá a mí a buscar lo que solo yo le puedo dar. 
Y terminado aquel cigarrillo regresé a mi solitaria habitación a mirar sus fotos… 
– Pensándolo bien, tal vez el matrimonio sea buena idea – me hablé a mí mismo – pero no quiero hacerlo por ahora, y si lo hago, quiero que sea con aquella de la que yo me vuelva a enamorar en serio, tal vez si llegara la persona correcta, hasta me haría cambiar mi manera de pensar.

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