sábado, 2 de septiembre de 2017

EL MISTERIO MÁS GRANDE

Durante nuestra vida nos maravillamos, como biólogos hemos logrado ver cosas cada vez más pequeñas, y como astrónomos hemos logrado ver más lejos de la oscuridad del cielo, atrás en el tiempo y ahora en el espacio. Pero tal vez lo más misterioso no es lo pequeño ni lo grande: Somos nosotros  de cerca.

¿Nos reconoceríamos a nosotros mismos?, y de hacerlo, ¿nos conoceríamos? ¿Qué nos diríamos a nosotros mismos? ¿Qué aprenderíamos de nosotros?, ¿que nos gustaría ver si estuviéramos fuera de nosotros mismos, mirándonos?

domingo, 27 de agosto de 2017

DIOS

Cuando rezamos, evocamos la intervención de un Dios al que no comprendemos, la mayoría de personas cree conocer a la versión de ese Dios idealizado por la religión que profesa y a través de la cual se le fue presentado, ese Dios ha sido llamado por muchos nombres, Yavhé, Alá, Zeus, Ra, Vishnú, cada versión de ese Dios fue idealizado y representado de diferentes maneras según la cultura donde fue creada la religión en que nació. La religión fue usada como instrumento de control e instrumento político para los distintos fines de las élites gobernantes, con la cual les fue posible subyugar a los hombres de una jerarquía inferior, y al servicio del poder de facto.
Pero Dios, el verdadero Dios, es un ente aún no comprendido, un ente desconocido para el entendimiento limitado de los humanos, alguien que se ha manifestado ante los hombres de diferentes tiempos y culturas, pero que no ha sido comprendido dada su complejidad y la limitada percepción de la realidad por parte de los humanos, no es descabellado notar las cualidades humanas que los hombres le han conferido a esa Deidad, ese Dios, del cual desconocemos su verdadero nombre y su naturaleza, quizás no es el tirano que según las religiones nos prohíbe hacer esto o aquello, no está en contra del amor verdadero, no nos prohíbe matar ni tener sexo, pero nos regaló la conciencia de nuestra existencia y nuestro ser, y nos regaló la capacidad de darnos cuenta por nosotros mismos de qué es lo malo y qué es lo bueno, según lo que nos haga sentir plenos y satisfechos con nosotros mismos.
Amar nos llena de plenitud, el asesinato nos llena de remordimiento, es nuestra conciencia lo que nos dicta lo correcto, Dios no nos lo prohíbe, así como el amor no está prohibido, pues depende de nosotros mismos el amar o el no amar, ¿A qué se inclinará naturalmente una persona con conciencia plena?
Dios es amor, el Dios verdadero, no el dios de las Religiones que es parcialmente  explicado.
Cuando el hombre no podía ver más allá de lo que sus ojos le permitían, creían que Dios estaba en el cielo, cuando pudimos ver más allá de las estrellas, seguimos sin encontrarlo, antes bien quedamos sorprendidos por la vastedad del espacio, y absortos por nuestra insignificancia frente a un universo igual de desconocido.

¿Dónde está Dios?, Dios está presente en todos lados, es la fuerza que mantiene en equilibrio el todo, puede que no tenga una forma comprensible, pero tiene conciencia, es el que gobierna el Todo. Dios es amor, no discrimina, no selecciona, no condena, no prohíbe, no salva, nos deja a nosotros mismos el camino para hallar la felicidad, y la felicidad más grande es el amor, y no hay cosa más grande que motive al ser humano, que ese sentimiento cuyo mecanismo de funcionamiento, Dios ha encriptado en nuestro cerebro en forma de reacciones químicas que se desatan por la liberación de la Oxitocina al cerebro. El que los hombres vayamos descubriendo poco a poco la estructura arquitectónica del universo, no desmerece la existencia del Creador.

jueves, 24 de agosto de 2017

YO

Si en alguna otra dimensión, o en algún lugar del universo existiera una réplica exacta de nuestro mundo, ¿sería muy difícil pensar que también estoy allá y puedo ir a conocerme?, y ¿aquel Yo será mejor que el Yo de aquí? ¿Puedo aprender de ese Yo?, ¿Aquel Yo cometió las mismas equivocaciones que yo? o ¿puedo sentarme a tener una conversación conmigo?. ¿No sería algo interesante?, la verdad es ya lo hacemos a diario, todo el día, aunque no lo admitamos o lo pensemos, demasiado pero lo hacemos, a diario hablamos en nuestra mente... ¿Qué haces?, porqué lo hiciste? ¿Qué pensó él?, ¿dije lo correcto?... Y en este caso, hay otro Tú en ese lugar.

lunes, 21 de agosto de 2017

LLAMANDO A TIERRA

H:           Hola
DS:         Hola, què haces
H:           Aquí bien, en mi casa
DS:         Genial
H:           ¿A donde irías si pudieras?
DS:         Yo?, a ver, un lugar del mundo o del universo
H:           A donde quieras, no hay límites
DS:         Definitivamente me iria de este planeta, iría a orbitar una estrella lejana
H:           Solo?, ser parte de la estrella?
DS:         Supongo que si, iría solo, a una muerte segura, un viaje para nunca volver, como todo gran                  explorador, como un sueño que una vez tuve, y una canción que me hace soñar e imaginar el                momento. De hecho hay una canción que encajaría perfecto en este momento.

-          H:           ¿Ah si?, y cuál es.



J

viernes, 18 de agosto de 2017

LIMBO





Que frágil es la vida, que breve la existencia, si pudiera contarlo todo jamás terminaría,  existir es sufrir, y amar es necesario para hacer llevadero al sufrimiento. Todo esto pensaba mientras observaba el techo de mi casa recostado sobre mi cama, “quisiera que el techo desapareciera para poder contemplar el vacío que tenemos sobre nuestras cabezas”, todo esto pensaba en una tarde cualquiera.

Era una calurosa tarde, cuando aún el calor era constante, antes de las frías tardes de invierno. Sentí la llamada hacia aquel cementerio, una voz oscura que retumbaba en mis pensamientos, como una constante inamovible que en sueños me llenaba de ideas, así que fui, dispuesto a ver qué me llamaba.

Me dirigí al cementerio, con mis pensamientos orbitándome, ideas, miedos, inseguridades atormentándome, el aplastante pasar del tiempo que no tenía piedad de mí, llegué a la puerta, vi personas varias ahí, los típicos vendedores de rosas, y muchos más entrando junto a mí, temía que los vendedores inoportunamente me acosaran para venderme sus mercancía floral, pero nadie se percató de mi presencia, así que librado de aquel acoso, tranquilamente entré. Ni la muerte es motivo para comerciar con el dolor, pensé.
  
Me adentré en el cementerio, caminando sin rumbo alguno, al principio éramos un grupo de personas que entramos, pero ya dentro, cada uno tomó distintos rumbos, hasta quedar yo solitario en un rincón de aquel cementerio.

Caminé y caminé, por las frías tumbas descuidadas, corroídas por el tiempo, consumiéndose lentamente por la erosión del olvido, yacían lo que quedaba de aquellos que sobre la tierra, una vez desbordaron de vida.



Las personas que yacían dormidas inertes sin conciencia, en ese escaparate de la muerte, me hacía pensar en lo efímero que es la vida.

E imaginé los sueños sin cumplir, que aquellos cadáveres se lamentarían si tuvieran la oportunidad de lamentarse.

Y una voz oscura, me susurra al oído, una voz que no provenía de ningún lado, me dijo:

“Ya está reservado tu aposento en este lugar”

Asustado corrí, huyendo de lo desconocido, del misterio que al no hallar explicación del origen de esa la voz, me heló la sangre de pies a cabeza, mi corazón saltó y latió con tal violencia, que sentí apretujarse en mi pequeño y frágil pecho, sentí la sangre abandonar mi rostro, y a mis extremidades tomar vida propia, sin que yo lo pensara, me encontraba huyendo, corriendo hacia la salida, huyendo de ninguna cosa, lejos de aquellas tumbas, y el silencio era ruidoso, la tranquilidad otrora reconfortante, era ahora una horrible pesadilla, corría y corría, hacia alguna salida, pero no había tal por ningún lado.



Tropecé con un anciano, que al golpearlo se desvaneció con el viento, no sin antes mirarme con una miraba desoladora, y decirme algo inteligible, que entendí como palabras burlonas.

Todo era gris, la serenidad de las tumbas me parecía ya tétrico, deseaba el caos de la ciudad, el ruido de la avenida, el caótico desorden ruidoso que caracteriza la vida, no ese lugar de paz tenebrosa.

Los matorrales del cementerio, los únicos seres vivos de aquel lugar, a pesar su color verde, lucían más siniestros aún, siendo parte de la tranquilidad mortuoria reinante en ese laberinto de tumbas, de la cual eran parte del paisaje desolador, parecían asomarse de entre las tumbas para saludarme y observarme silenciosas en mi tormento cruel. Caminaba buscando la salida, no podía hallarlo, grité para pedir auxilio, esperanzado en que alguno que por ahí rondaba, viniera en mi ayuda, grité y grité, hasta casi sentirme desfallecer, mi grito apenas produjo un eco entre los callejones de aquellos pabellones de nichos, y ninguno vino a mi ayuda, grité y grité hasta casi perder el conocimiento, hasta enrojecer mi garganta y marcar las venas de mi rostro, sin respuesta alguna, y sintiendo la inexplicable sensación de ser observado burlescamente por aquellos matorrales de plantas verdes tenebrosas, yo decidí entonces, aún con más desconcierto, seguir en mi infructuoso intento de encontrar una salida.



“Es solo un sueño” me repetía con premura, deseaba despertar en mi cama, regocijarme al ver que nada de aquello era real, que era todo solo una fantasía de mi mente aturdida.

Corro y corro y siento no avanzar, una larga fila de árboles, arbustos y pabellones de tumbas, que parecen no acabar, y me asusté, tanto que me sostuve sobre el busto, una estatua de alguien que sobre una tumba ahí había.
Una pesadilla, eso debe ser – pensé en mi – una larga y horrible pesadilla, solo tengo que esforzarme en despertar.
Y el busto sobre el cual me había sostenido, de pronto volteo la cabeza y me miró con sus ojos de mármol, y me dijo.
 “No es un sueño si no has dormido, no es la vida si no has vivido, ni la muerte si aún sigues aquí, estás en un punto intermedio, estás sobre el limbo.”

Espantado aún más, di un salto y solo corrí, ¿qué es lo que pasa aquí?, me pregunté, y corría a través del laberinto infinito de tumbas, el cielo se había nublado, el sol apagado su brillo, y todo bajo el cielo cayó en penumbra, no encontraba el camino que me llevara hacia la salida, todo era tan igual, inacabable, no podía tomar nada como referencia, todo eran tan repetitivo, tan cíclico, que me encontraba perdido entre multitud de tumbas anónimas, y los arbustos omnipresentes como testigos mudos de mi penuria estaban en todos lados, sentía algo en mí, que de mí se reían.



Qué significará todo aquello, en tanto caminar, decidí correr, y corrí con todas mis fuerzas buscando pronto llegar hasta el final de aquel lugar, hacia un muro que significara el límite de aquel cementerio fatal, y corría y corría, mis fuerzas se iban, y ni siquiera vestigios encontraba de que iba a algún lado, todo era tan igual, mi titánico esfuerzo parecía banal, los mismos patrones, tumbas, y oh, esos arbustos tenebrosos que contrastaban con el blanco mármol de las tumbas y nichos, que parecían observarme burlescamente en mi inútil intento de escapar. En tanto correr tropecé con otro anciano, al chocar contra su cuerpo, reboté y caí al suelo, sobre la tumba de alguien, aquel anciano, igual que el anterior, se desvaneció como el aire, no sin antes decirme “empieza a lamentarte por todo aquello que en vida jamás hiciste”.

Al querer reponerme, me apoyé sobre la lápida de aquella tumba sobre la que caí, y me llamó la atención, que no llevaba nombre alguno, salvo ver escrito en ella, un extenso epitafio tallado sobre el mármol, y aterrado comencé a leer el escrito que comenzaba así:

Que frágil es la vida, que breve la existencia, si pudiera contarlo todo jamás terminaría,  existir es sufrir, y amar es necesario para hacer llevadero al sufrimiento….


 

Feat: Señor Jugo Negro

viernes, 28 de julio de 2017

DESVANECIENDO EN EL TIEMPO

Hola, caminaba por aquí, venia fumando un cigarrillo, lidiando con la brisa marina que se afanaba en apagarlo, y no pude evitar notar la tristeza de tu semblante, a pesar que el día rebosante de color está, y el mar danza armoniosa con la marea, en tu mirada que se pierde por el horizonte se nota un brillo ausente, una búsqueda que nunca termina, observando hacia el lejano horizonte, hacia donde el sol se dirige para dejar todos en la obscuridad. Tu rostro luce más delgado que lo cotidiano y tu semblante ha perdido el color habitual que resaltan en tus fotografías, buscas o esperas algo, un momento o a un ser que te prometió volver o a quien te resignaste a perder... Bueno quizás solamente esté divagando, tal vez únicamente necesitas ordenar tus ideas, encontrar sentido a los acontecimientos dudosos que hasta ahora te ha tocado sobrellevar, tal vez solamente extrañas a tu casa, quizás solamente estés solo, no lo sé, te atormenta la incertidumbre, la calma, el tiempo que corre, y tú, estático durante el transcurrir de los minutos, aparentas apacibilidad… tal vez solamente es la incertidumbre de un futuro que te aflige y socava tu voluntad de existir.

Veo que has traído tu cuaderno de notas, puedo ver que desde hace tiempo no escribes, tus pensamientos fluyen como un caudaloso río pero son solo fugaces ya que no los transcribes, puedo ver que tu cámara está encapuchada, no pones su lente a la luz y ya no capta escenas de la vida como una vez anhelaste, estás divergiendo de tu voluntad de ser.

Al parecer, hay un ser que al irse se ha llevado una esencial parte tuya, hay algo que emana de ti, es tristeza es desasosiego, es la fantasía convertida en resignación, es la esperanza reducida a decepción, ya nada te alienta, nada llena de alegría tu corazón, ni la calidez de quien te ama en secreto, ni la esperanza de que con el tiempo alguien volverá a juntar los pedazos de tu corazón roto...

¿Qué miras cuando observas el horizonte?, ¿por qué diriges tu mirada hacia el sur?, ¿quién se halla en aquella dirección?, es como si quisieras buscar con la mirada algo que hay más allá de lo que tu campo de visión te lo permite, es como si desearas escapar a un lugar lejano, más allá de donde están los límites de esta ciudad, más allá de donde alguna vez tuviste miedo de cruzar, esperando que algo surja de la nada, que el silencio sea roto por una voz familiar diciendo tu nombre, y al voltear ver una silueta reconocible, esa mirada con esos ojos encandiladores, y esa sonrisa única que aún vive en tu recuerdo.

Pero ya nada está en orden, tus ideas divagan siempre entre la incógnita de las cosas que amaste y perdiste, hay rastros que se pierden en el camino que has ido caminando, solo querías, si, amar y sentirte amado, pero nadie puede controlar de quien enamorarse o quién se enamorará de ti, y aunque te hayas creado expectativas no puedes obligar a que alguien te quiera, por más bueno que seas con esa persona, tal vez no hay nada malo en ti, y las cosas están destinadas a no ser, así que solo date tiempo para sanar, y comienza un nuevo capítulo en tu vida.

Deja que el tiempo corra, sana y deja de llorar por un pasado que te hizo feliz, pero que se está desvaneciendo en el tiempo.

miércoles, 12 de julio de 2017

AMOR

De acuerdo con un estudio publicado en una edición de “Journal of Neurophysiology”, el amor puede convertirse en una adicción tan poderosa como la dependencia a la cocaína.

Como cualquier adicción, el amor también es una dependencia que sólo a partir de la abstinencia podemos superar.

martes, 11 de julio de 2017

MORIR A TIEMPO


Hay una esencia escondida en los sótanos de lo ineludible, yacen unas letras bajo los pies de quienes existen y ven al tiempo correr, absortos y cegados ante la trama de algo que no se avizora en la lejanía de hechos nada concretos, camina una sombra gris, en medio de multitudes anónimas, ciegos y grises como tantos que se pierden entre la multitud. Todo es gris, hasta el cielo, hasta lo que tocan nuestros pies, sombras difusas alrededor que hunde a todos hacia el foso de la melancolía, del desamor, de las negras fantasías de un futuro incierto y opaco. Cada individuo va caminando en la vida sin prever el futuro que se le avecina. Odio lo gris de esta ciudad, odio la falta de color, la falta de privacidad que uno esperaría con caminar a un lugar lejano donde no podamos ser encontrados. Y en el transcurrir, todo se vuelve lúgubre, todo ha perdido armonía, nada es bueno aquí, salvo la supervivencia, y yo ya no quiero sobrevivir más de lo necesario. Hay veces en que algunos mueren demasiado pronto, y otros demasiado tarde, la gran pregunta que me hago ahora es, ¿será posible morir a tiempo? Morir a tiempo, hay quienes cortan el hilo de la vida ante la tormentosa tristeza que les embarga, la depresión a veces puede ser sofocante, llegar a asfixiar tan desesperantemente, que uno siente que nuestra energía y vigor va siendo absorbida, que vamos muriendo en vida. Quién no consideró más de una vez al suicidio como último recurso para dejar de sufrir, quien no lo ha hecho, si yo soy uno de ellos, pero no lo suficientemente cobarde, o suficientemente tonto para atreverme a cortar, de la manera tan cobardemente esta vida.

¿Qué es lo último que vemos según las investigaciones antes del momento de morir? A nuestros seres queridos, a la persona que más amamos, sus rostros, en el momento de morir nuestra mente nos presiona un poco más por sobrevivir, por ellos.

Y viendo esto, me di cuenta, que en caso de que yo deba luchar por mi vida, en caso de que me hallase en peligro de muerte, en que debiera luchar por vivir y no morir, mi mente no tendría nada ni nadie a quien proyectar, nada que me dé un motivo para seguir viviendo, nada que me haga aferrarme a la vida, nada que le dé un sentido a seguir existiendo, porque después de todo, qué es la muerte sino la liberación del dolor, del sufrimiento, del hambre, del frío, del calor, del llanto y de la diaria lucha por sobrevivir… qué es la muerte sino la oportunidad de abandonar este ser frágil y ser parte de algo más o quizás de la nada. Un padre o una madre, gracias a la naturaleza y la selección natural, tienden a poner por delante de su propio bienestar a sus hijos, el amor es aquel sentimiento que los empuja a luchar por sus seres queridos, aquellos, sus hijos son lo que les permite luchar sea lo que sea el desafío, es lo que les da un motivo por el que vivir. Yo en cambio, sumido en un vacío profundo, en un hoyo al que voy cayendo sin jamás tocar fondo, gritando en silencio y sofocándome, si el destino me pusiera a prueba, si me presionara a tal punto que me exigiera luchar por vivir, creo que no habría nada que me dé una razón para hacerlo, nada que me aferre a esta vida, y simplemente, dejaría que la muerte me arrastre con ella, le seguiría como a una amiga.

sábado, 17 de junio de 2017

UN CHICO EN LA OTRA ORILLA



Caminando solitario por la orilla del río, en un día de nostálgica tarde, me adentré por senderos poco recorridos, y avanzando por la orilla derecha del río iba siguiendo su cauce, siguiendo la corriente, respiraba el mágico viento de una tarde soleada, escuchando el canto de aves e insectos que manifestaban de su existir al creador, y al divisar a la orilla opuesta, caminando a un joven veo por allí, en medio del bosque, por la orilla igual que yo, sin rumbo, pero serio, meditabundo, con una mirada fija en alguna cosa imaginaria en el inmenso cielo y camina, sereno, pensativo, le sigo con la mirada ocultándome entre los arbustos, y le veo llegar a una playa de arena en una curva del río, ¿cómo demonios llegó ahí?.
Ya en esa playa de arena ribereña, le veo caminar en círculo, va y viene dentro del área de aquella playa, y a pesar que nos separa el ancho río, puedo ver algo enigmático a ese joven, y a la vez un magnetismo extraño hace que sea inevitable quitarle la mirada a la distancia, y de lejos lo comienzo a observar, me oculto entre la maleza, y él, concentrado en no sé qué pensamientos de ir y venir, seguramente no notara mi presencia.
Y lo observo, a pesar de la distancia que nos separa, noto que es joven, delgado, aparenta por lo menos 24 años, tez blanca, tiene abundante cabello, con un flequillo tapándole la frente, el cabello le cubre las orejas, muy atractivo de rostro, viste un polo blanco, un jean azul desgastado, está descalzo, tal vez para poder sentir la playa bajo sus pies. En un rincón de la playa logro ver un bulto que resalta de la gris arena, diría que es su mochila, y sus zapatillas que se sacó para sentirse cómodo en esa playa.
Ahora que observo con más detenimiento, esa playa donde él se halla, me resulta muy familiar, a mi mente arriban recuerdos que hallo inexplicables, de algo haberlo vivido, pero recuerdos que son alegres momentos, los más de mi infancia y muy memorables, pero que al evocarlos al presente, trae consigo la nostalgia de ver idos esos felices momentos.
Y una lágrima desciende por mi mejilla derecha. Y continúo observando al jovenzuelo de la orilla opuesta.
Sigue allí en su ir y venir, caminando en grandes círculos sobre la arena, absorto, sumido en lo que parece un trance, su semblante muestra gran preocupación, luego se detiene, está quieto, mira al suelo a un punto fijo, comienza a dibujar algo al aire con el dedo índice mientras murmura, diría que hablando en voz baja, como para sí mismo.
Luego, como si en un sueño habría estado, despierta, toma conciencia de dónde está y camina buscando algo en la playa, fija su mirada en algo que está en el suelo, lo levanta, era una roca, lo coge y con fuerza lo lanza al río, veo la roca atravesar en su trayectoria parabólica el espacio, luego de su máximo ascenso, se precipita, cae al río, y chapotea en el agua, observo los anillos de la onda expansiva crecer y desparecer en la corriente del río.
Aquel chapoteo en el agua, trae a mi mente el recuerdo del efecto que produce algo que cae al agua, el mismo que hacen los peces cuando atrapan algo que sobre la superficie va flotando, y recuerdo los días en que hacíamos salidas de pesca con mis amigos en la canoa de mi tío, a relajarnos, como un juego en tardes de aventura, íbamos luego de planearlo durante la semana.
Número 01 y número 02: Her y Julio, si, aquel dúo con el que crecí, y juntos planificábamos nuestras excursiones, aventurescas salidas de pesca con más o menos 3 días o una semana de planificación anticipada, íbamos planeando los detalles: qué llevar, y qué hora salir para llegar a en el mejor momento, y sobre el mejor lugar a donde iremos.
Comprábamos cigarrillos (infaltable), una cajetilla de 20 unidades, algo de comer, hilo de pescar, y tripas de pollo para nuestra carnada.
Luego simplemente llegábamos, nos reportábamos a mi tío, nos prestaba la canoa e íbamos a explorar el rio, sea aguas arribas o aguas abajo, buscando el lugar más tranquilo y el más apartado posible para pescar, en este lado del río o en la otra orilla.
Aunque no importaba si atrapábamos o no algún pez, la pasábamos genial, recuerdo que yo nunca pude pescar ninguno en aquellas salidas, y mis dos amigos no pescaban más que uno pequeño, y solo uno de ellos a la vez, que no eran por cierto grandes ejemplares como el de uno experto en la pesca. Pero una victoria, un trofeo al fin, quizás una victoria pírrica, no importaba los peces atrapados, importaba los momentos que quedaron en nuestro recuerdo, estampados hasta la posteridad de nuestros días.
Creo que nuestro fracaso en la pesca era, porque pasábamos la mayor parte del tiempo conversando sobre trivialidades de adolescentes, y ya viendo que el tiempo pasaba sin pescar ni un solo pez, solíamos decir: “Ya, silencio para poder pescar”.
Aquellos silencios eran efímeros, su brevedad era plausible, de escasos minutos su durabilidad, luego surgía una idea, un evento, algún suceso que hiciera romperlo, y la conversación reanudaba, y aunque en voz baja, no dejábamos de comentar sobre nuestras ideas y aquel o aquello.
Pero estando en la canoa, además, no dejábamos tampoco de fumar los cigarrillos que llevábamos, la paciencia no era virtud de ninguno, y el aburrimiento se hacía presente al no pescar nada a medida que la tarde transcurría, y llenos de impaciencia movíamos el anzuelo muy frecuentemente, no faltaba momentos en que los peces eran más inteligentes que nosotros porque se comían la carnada, sin llegar a morder el anzuelo, y cuando lo sacábamos del río para verificar que todo siguiera bien, veíamos el metálico anzuelo, sin la carnada inicial, ni pez que lo haya mordido. Rayos, que pésimos pescadores éramos.
Aún para coronar nuestras aventura, a veces no faltaba que de al menos a uno de nosotros, el anzuelo se le quedara enredado entre las palizadas del fondo del río, si había suerte lo lográbamos sacar, sino había manera, recurríamos a cortar el hilo, resignándonos a perder el anzuelo, y debiendo conformarse el desdichado, a contemplar a los otros dos en su intento de seguir pescando, sea echándose en lo orilla fuera de la canoa, fumando un cigarrillo, observando el río correr, a las nubes crear formas abstractas sobre el celeste firmamento, o la copa de los árboles, escuchando el cantar de aves e insectos, todo matizado por las refrescantes brisas de la tarde sobre el río Mayo… Sí, eran momentos felices.

Regreso en sí, de mis recuerdos a la realidad, y sigo observando a ese chico, lo veo pensativo otra vez, inmerso en sus dubitaciones como si hubiera retornado nuevamente de sus cuestiones filosóficas, o lo que en ese momento le preocupaba solucionar. Parecía que nuevamente él volvía a entrar en sí, como si hubiera estado sumergido en un sueño y abruptamente al despertar, tomara conciencia del lugar donde se hallaba.
Ahora, esta vez parecía inquieto como si deseara descargar emociones fuertes que le presionan el pecho, y con el pie derecho, pateó la polvorienta arena seca de la playa, la cual con el viento, se elevó y creo una pequeña cortina de polvo que con el viento fue llevado como una blanca neblina que se iba desvaneciendo poco a poco cada vez mientras más lejos iba.
Y le vi acercarse a sus pertenencias, buscar algo, estaba de espaldas hacia mí, le vi rebuscar en su mochila, al parecer debido a no encontrar lo que buscaba, empezó a sacar cosas que guardaba dentro: una gorra, una libreta marrón, un balador, algunas bebidas, y luego, pareciendo haber encontrado lo que buscaba, volvió a guardarlas todas en su mochila. Con ese “algo” en la mano, se puso de pie, y nuevamente caminó hacia el río, ese “algo” al parecer, no era más que un cigarrillo, y le vi pasar la longitud del mismo por la nariz, aspirando su aroma mientras cerraba los ojos, parecía que le agradaba sentir el olor de aquel cigarrillo, y luego de haber disfrutado de aquel evidente agradable aroma, se lo llevó a los labios. Y me pude percatar además de que aquel chico, era poseedor de unos gruesos labios carnosos.
…Ver el cigarrillo hizo arribar a mi mente aquellos recuerdos en cómo iniciamos nuestros vicios, nosotros tres…
Desde niños teníamos curiosidad por fumar cigarrillos, la curiosidad nació desde que veíamos a casi todos los adultos a nuestro alrededor hacerlo.
La curiosidad de un niño es infinita, no conoce límites.
Recuerdo que cuando era niño, tenía tanto interés de probar los cigarrillos al ver que en todas las fiestas, todos, o casi la mayoría de adultos lo hacían. En realidad de niño, siempre tuve dos curiosidades respecto a lo que solía observar como un ritual común en las fiestas sociales: Beber alcohol, y fumar cigarrillos.
Mi curiosidad por el alcohol fue fácilmente aplacada, yo siempre, en toda fiesta social a la que acompañaba a mi madre, le manifesté a todo aquel adulto al que veía beber alcohol (cerveza), que quería probar aquello que los adultos bebían, y que a los niños les era negado, algunos quizás sorprendidos por la insolencia de un niño que quería tomar a tan corta edad el alcohol, me negaban hacerme beber un sorbo de su vaso, y otros, pocos pero alguno, compadeciéndose de un niño curioso, o quizás alguno siendo consiente que para un niño el sabor de la cerveza le resultaría tan desagradable que perdería ya, las ganas de tomarlo, lo hacía. Así, pues, al probarlo y sentir lo amargo que era, mi curiosidad por el alcohol fue anulado por aquella experiencia. No tenía un sabor dulce como el chocolate caliente, o un refresco o una bebida inofensiva de las que había tomado ya, y cuyo sabor era agradable al paladar.
Pero en el caso de cigarro, esta vez ninguno de ellos, ni siquiera quienes me habían hecho tomar la cerveza de su vaso, me permitían siquiera que probara la nicotina, ni siquiera una jalada del humo que todos exhalaban de los pulmones.
Pero el que todos se negaran a permitirme fumar el cigarrillo, hizo que mi mente buscara maneras de saciar mi curiosidad, sea como fuere, mi ingenio era entonces muy superior a lo que lo es ahora, una lástima, y comencé a observar el entorno, y pude notar un detalle que podría permitirme fumar de un cigarrillo, pese a la negativa de aquellos adultos de doble moral.
Recuerdo haber observado que cuando alguien estaba a punto de consumir el tabaco de su cigarrillo, lo botaba al piso aún prendido, algunos, al arrojarlo, con el pie lo aplastaban hasta apagarlo, y otros solamente lo botaban al piso aun prendido y con un poco de tabaco que se podía aún fumar. Entonces, un día estuve atento a que alguien arrojara su cigarrillo encendido para ir tras él, recogerlo, y al fin saciar mi curiosidad.
Y tal cual lo previsto, alguien lo hizo, y yo, inmediatamente, temiendo que se apagara antes de llegar a él, corrí y lo encontré en medio de las hojas secas que aún estaba encendido, yo lo junté y jubiloso de al fin podría sentir lo que todos sienten cuando fuman un cigarrillo, me emocioné, ¿qué placer podría haber en inhalar el humo de aquella cosa?, ¿por qué todos parecían disfrutar de aquello? y aún lo estaba dirigiendo hacia mis labios cuando de pronto sentí sorpresivamente que una mano me detenía sosteniéndome el brazo donde tenía el cigarrillo, y con la otra mano, me lo quitaba y lo arrojaba muy lejos. Yo, sorprendido, miré alrededor mío, veía que todos me estaban observando, diría que todos estaban admirados de la osadía e insolencia de un niño que quería fumar a tan corta edad. Y fue quizás tratando de evadir aquellas miradas inquisidoras cuando decidí mirar hacia quién era quien me sostenía y frustró mi intento de fumar a tan cerca de haberlo logrado, al levantar la mirada, era mi madre. No recuerdo si fui regañado, o me aplaudieron por mi curiosidad, lo cierto es que mi madre debió haber dicho algo a todos ellos, para que a partir de aquel momento todos se aseguraran de apagar su cigarrillo antes de arrojarlo.  Mi plan de experimentar lo que era fumar, quedó frustrado en ese entonces.
No fue hasta crecer un poco más, con cerca de ocho o los once años, que con mi primo intentábamos crear nuestros propios cigarrillos con las hojas secas de las plantas de Tabaco que por ese entonces crecían en el jardín de mi casa. Ya que no podíamos comprar cigarrillos industriales, nosotros elaborábamos el nuestro, teniendo ya el tabaco seco a nuestro alcance, solo quedaba enroscarlo en forma de cigarrillo, así que con una hoja arrancada de nuestro cuaderno de escuela envolvíamos el tabaco en él. Hacíamos el intento de succionar el humo de aquellos cigarrillos artesanales, el humo del papel de cuaderno quemado y el tabaco seco era muy desagradable, nos dejaba un muy amargo sabor en la boca, y era debido a, según asumimos, que aquel cigarro hecho por nosotros, no era igual al que se vendían en las tiendas. No es de sorprender que muchas veces fuimos sorprendidos por algún adulto y esta vez sí fuimos castigados por aquella osadía, y nos prohibieron el volver a hacerlo.
Edgar, un primo ya mucho mayor que nosotros, que sospechábamos que ya había empezado a explorar muchos más placeres de la vida que para nosotros a tan corta edad eran impensables, fue quien tuvo un papel protagónico en que nosotros tres aprendiéramos a fumar. Él tenía cigarrillos, el siendo ya mayor, los conseguía con mucha facilidad y fue con quien íbamos a que nos enseñara a como fumar, a como “golpear”. Solíamos visitarlo a su casa, él nos hablaba de música y escuchábamos de sus aventuras, sus proezas sexuales que nos dejaba absortos y que eran quizás, ahora analizándolo en retrospectiva, posiblemente exageraba demasiado para ganarse la atención de unos ingenuos niños. Nosotros pues, íbamos a la terraza de su casa y estando al aire libre y en horas de la noche, quedábamos bajo el firmamento esmaltado de estrellas, y así,  mi primo, Julio, y yo, nos sentábamos en media luna frente a Edgar quien, demostrativamente y explicando, iba paso a paso mostrándonos el bohemio y ancestral arte de fumar cigarrillos, esta vez, eran cigarrillos de verdad, y él tenía bastantes, como para que cada uno aprendiera con el suyo propio. Luego de haberlo observado, y escuchado sus instrucciones atentamente, tocaba a nosotros el intentarlo.
El primero en hacerlo fue Julio, tomo un cigarrillo, lo llevó a sus labios, lo encendió mientras yo y mi primo, lo observábamos nervioso, lo prendió sin dificultad. Muy bien – Le dijo Edgar – Ahora es el momento de Golpear con los pulmones.
Vimos a Julio, succionar el humo en la boca, y luego aspirar el humo del cigarrillo como si estuviera dando un largo suspiro… Al haber hecho eso, se le hincharon los ojos, miró al cielo y tosió como nunca en su vida lo había hecho y nunca en mi vida vi a alguien toser de esa manera tan desesperante, era como si se hubiera estando ahogando, como si el aire le faltaba, nosotros con mi primo le miramos espantados, creíamos que era el fin de nuestro amigo, y buscando que Edgar lo Auxiliara o nos dijera que hacer con Julio, sin embargo Edgar solo se reía mucho y solo decía – “Muy bien, muy bien carajo, eso es golpear, así se fuma.”
En mis recuerdos, mirando a las personas fumar, a ninguno les había pasado algo similar, siempre les veía tan natural fumar, como el mismo acto de respirar, creía que algo malo había hecho julio, o es su defecto, esos cigarrillos tenían algo muy diferente. Julio se ahogaba, le vi retorcerse de dolor, se apretaba el vientre, tosía muy fuerte, le vi escupir, casi querer vomitar, y poco a poco, iba restableciéndose, su respiración volvía a la normalidad, los ojos le comenzaron a lagrimear, se puso muy colorado, y luego le veía reír.
Luego dijo Julio que se sentía muy mareado, que la cabeza le estaba comenzando a doler, y a dar algo de vueltas. Edgar dijo que eso era normal.
Luego fue el turno de mi primo, pero él mucho más cuidadoso aspiró poco humo, “golpeó” y tosió muy fuerte, aunque menos que Julio, siempre cauteloso, fue más moderado su toser.
Luego los tres me miraron y supe que era mi turno de fumar. Yo, algo asustado por lo que vi anteriormente, me empecé a desanimar, luego, mi típico instinto de autoprotección, me dictó a decir que ya no quería, sin embargo, la fuerza opuesta, el de la curiosidad, actuaba como una pequeña voz interior que me incentivaba a continuar, así que aunque dudándolo dije que mejor ya no quería hacerlo, entonces, no recuerdo si fue Julio o Edgar quien lo dijo, pero escuché a alguien decirme: ¡¡¡FUMA MIERDA!!!, y eso me motivó finalmente a no quedarme atrás, e hizo que succionara el humo del cigarrillo.
Edgar me dijo: “Aspira profundamente”. Al hacerlo, sentí que un cuchillo se clavaba en mi pecho, era el humo entrando en mis pulmones y con mucho dolor, tosí igual que todos, mi reacción fue similar a la de Julio, mareo, nauseas, asfixia, como si una mano invisible me estuviera impidiendo respirar, era la primera vez que mis pulmones eran invadidos por el humo de cigarrillo.
Luego sentí un mareo, que hizo que me tumbara y dejara caer en el piso, observado las estrellas lejanas, en el inconmensurable espacio al que mi mirada apuntaba.
Le dije a Edgar ¿Cómo le puede gustar tanto a la gente esto?, él me dijo, “Ya te gustará”, y tuvo razón.
Regreso a la realidad, a la orilla del río, escuchando el sonido del agua correr, y continúo mirando al joven en la orilla opuesta, y miro que va fumando su cigarrillo, pero noto algo diferente, un detalle, yo que he fumado mucho, sé que un cigarro se va consumiendo lentamente, a comparación con el que ese chico estaba fumando. Veía que lo que él iba fumando, iba quemándose más rápido de lo que se esperaría que se quemara un cigarrillo normal, y que decir de la cantidad de humo que botaba el cual era muy abundante, no solo eso, aquel joven lo iba fumando de una manera muy rápida y casi precipitada, como no queriendo desperdiciar nada del humo que de aquel cigarrillo suyo salía.
Ya desde mis 14 años era un fumador recurrente, y sabía por propia experiencia que un cigarro de tabaco no se quema con tal rapidez, y no bota tanta cantidad de humo, y tampoco se fumaba una pitada tras otra sin descanso, como si no se quisiera desperdiciar nada del humo que de ese extraño cigarrillo salía. Yo sabía que era desagradable y hasta doloroso hacerlo en intervalos de tiempo tan cortos… Solo existía una explicación a aquello, basada también en mi propia experiencia; no era de tabaco el cigarro que iba fumando, me dije en sí, es de otra cosa…
Había escuchado desde siempre una palabra algo extraña, una palabra que era mencionada con cierto temor, recelo y envuelta en obscurantismo, una palabra algo exótica en el vocabulario cotidiano, y que casi la mayoría temía mencionarlo muy fuerte; una palabra que al ser pronunciada pareciera evocar o hacer referencia a una especie de deidad enigmática o algo con propiedades mágicas o sobrenaturales, una palabra cuya pronunciación y sonido hacía pensar que se trataba de algo de origen extranjero y hasta prohibido: MARIHUANA.
En el colegio escuchaba que los profesores decían aquello era malo, muy malo, malísimo, y sin embargo conocía a algunos estudiantes que lo consumían, pero yo sugestionado por el adoctrinamiento de los profesores del colegio, me había auto prohibido (sin haberlo probado) esa sustancia, por tanto no me había nacido ni la curiosidad ni la intención de probarla, ya que aquellos quienes sabía que lo consumían, eran estudiantes que estaban involucrados en vandalismos y pandillas callejeras. “Son Drogos” pensaba.
Habiendo entrado ya en mi etapa universitaria, veía que estudiantes que no eran violentos ni delincuentes, eran consumidores frecuentes de la marihuana, eran estudiantes con un carácter amable y pacífico, no eran antisociales y a diferencia de los que conocía que lo fumaban en el colegio, estos si tenían metas, sueños y eran chicos de los cuales se podría esperar muy optimistamente un futuro muy prometedor, que serían además muy útiles a la sociedad, a diferencia de los fumones de mi etapa de colegial, y aconteció pues que un paradigma estaba sufriendo en mí una gran paradoja.
¿Qué es bueno y qué es malo?, sin querer algunos de esos jóvenes, se hicieron amigos míos, los iba conociendo y no parecían ser los típicos delincuentes que estereotiparon los profesores de mi colegio respecto a los que se veían involucrados con la marihuana, pero sin embargo, a pesar de llamar a muchos de ellos mis amigos, no sentía en mi ninguna necesidad, ni ganas, ni la curiosidad  de preguntarles sobre la hierba, o siquiera sugerirles que yo quería probarlo, ellos, siendo muy conscientes de mi opinión al respecto, siempre me respetaron y ninguno intentó hacerme consumir en contra mi voluntad, ni siquiera el grupo intentó ejercer presión sobre mí, eso hizo que yo los respetara mucho más, y siguiera considerándolos mis amigos.
Y continuaba así mi vida, sin consumir drogas ilegales.
Y debido a mis deberes universitarios, me alejé durante mucho tiempo de mi primo, y Julio se fue de la ciudad, cada uno de nosotros entonces comenzó vidas paralelas, hasta que un día, después de un prolongado distanciamiento con mi primo, en medio de una conversación, descubrí que él ya era un consumidor de marihuana. ¿En qué momento pasó?, él lo descubrió por su cuenta, entonces por primera vez tuve en mi la curiosidad, y le dije a él, que también yo quería probarla.
Julio por ese entonces había regresado a la ciudad, luego de años sin haberlo visto, y nos comentó que en todo ese tiempo que estuvo lejos, tampoco había fumado la maría, y por eso también tenía curiosidad de probarla. Nuevamente el trio con el que comenzamos a explorar lo desconocido había vuelto a ser juntado por el destino.
El problema era conseguirlo, mi primo felizmente, ya sabía cómo hacerlo, él fue quien se encargó de aquello, así que quedamos en ir a un lugar apartado, tranquilo y seguro para en ese lugar experimentar el efecto del Tetrahidrocannabinol por primera vez;  la vereda de nuestro colegio en la  noche fue el lugar escogido.
En aquellos tiempos, nuestro colegio se hallaba casi a la periferia de la ciudad, había una calle ancha con árboles a ambos lados que cubrían de sombras las vereda en las noches, brindándoles una obscuridad que nos era propicia, además, debido a la escaza iluminación de aquella calle, era poco concurrida en las noches, y cualquiera que casualmente caminara por esa calle, no podría distinguir algo que pudiera haber en las veredas del colegio protegidas por las densas sombras que causaban los árboles de pomarrosa, sumado eso a la poca iluminación del lugar por entonces, era el lugar perfecto.
Y fuimos allí, los tres, sentados en aquella vereda, algo nerviosos por una que otra persona o moto que circulaba por la calle, prendimos unos cigarrillos que habíamos llevado y comíamos algunas golosinas para mitigar los nervios, mientras mi primo comenzaba a armar el troncho y luego fue quien lo encendió y primero lo fumó, luego, aun encendido, se lo pasó a Julio, y como siempre me lo pasaron a mi sin tanto dramatismo.
Mis expectativas aquella primera vez fueron rotas, esperaba tener alucinaciones fantasiosas, volar por los aires, ver colores y tener algún tipo de experiencia extrasensorial o hasta psicodélica, y cosas así, que era común escuchar decir a muchos quienes supuestamente decían haberlo fumado, y que luego entendí que solo eran charlatanes. Pero nada de eso pasó. Recuerdo que no tuve ni sentí nada novedoso en mí, Julio se quedaba observando un árbol y él decía que estaba esperando ver algo, decía cosas como “Oigan es normal o me parece que aquella sombra se está moviendo”, y yo le preguntaba a mi primo, ¿Qué se supone que debo sentir?, mientras él parecía estar en otra dimensión, riéndose de algo y mirándonos a nosotros que estábamos confundidos por no sentir nada diferente aún, y regresé ese día a casa luego de esa primera vez, decepcionado. Luego supe,  que al fumar marihuana por primera vez nadie siente nada diferente, habría que esperar fumar dos veces más, para sentir los espectaculares efectos del THC, interactuando con mi cerebro, y como siempre, tuvieron razón.
Desde el día en que pude sentir los agradables beneficios relajantes y potenciadores sensoriales de mis cinco sentidos que marihuana estimulaba, me volví más introspectivo, más abierto al mundo, mis paradigmas fueron destruidos con contundencia, y diría que me iba volviendo cada vez una mejor persona, me comencé a dar cuenta de los errores de mi personalidad, comencé a verme a mí mismo a través de los ojos de un observador, y poco a poco iba evolucionando como persona, llegaba a un estado de introspección y de conciencia que era muy difícil o hasta imposible llegar de manera natural, y en ese estado, como un trance consiente, tomé muchas decisiones y abandoné muchas ideas arraigadas que tenía en mi desde muy niño, que quizás me han imposibilitado alcanzar algún tipo de felicidad en mi vida. Desde entonces, mis mejores meditaciones e ideas, fueron logradas bajo el abrigo de la marihuana y el estado al que ponía a mi mente para ponerme frente a revelaciones de mi propio yo, que hasta eran desconocidas para mí mismo. Cada vez que yo requería encontrar respuestas a algo, y estaba tan preocupado, estresado como para concentrarme en meditar, recurría a la marihuana para alcanzar la serenidad y por fin ayudar a mi cerebro a concentrarse y relajarse para ayudarme a pensar con mayor claridad, y luego de haberlo fumado, me encontraba muy en paz, sereno y tranquilo.
Volví yo en sí, y veía a ese chico muy en paz, sereno, tranquilo, quizás gozando de los efectos, ya sin ese aspecto de alguien preocupado e inquieto por pensamientos tormentosos que anteriormente quizás le habían estado aturdiendo, y en su semblante vi regocijo como si sus problemas que le sumían en pensamientos se hubieran hecho humo, podía vislumbrar una leve sonrisa en su rostro, una agradable sonrisa de satisfacción, ya no era el mismo que estaba inquieto, ahora lucía con la serenidad propia de alguien que solo conoce amor y paz en su vida, y de pronto sucedió que le vi levitar, alzarse por el aire, desafiar la gravedad, miraba hacia un punto lejano del horizonte con la mirada fija, y repentinamente giró la cabeza y comenzó a mirar hacia donde me encontraba yo, parecía que ya había notado mi presencia, y me inundé de temor, el temor similar al que siente una presa que al ser descubierta por la fiera de la cual se escondía. Solo que mi temor era una suma de miedo y espanto, pues no parecía ser alguien común, porque este venía acercándose a mí por los aires, flotaba en el aire y venía atravesando, sobre las aguas el rio con un rostro apacible y los brazos en los bolsillos, despreocupado pero mirando hacia donde yo estaba, era evidente que venía hacia mí. Una fuerza invisible inmovilizó mis miembros que me impidió salir corriendo, y estaba asustado, aterrado, mi instinto de supervivencia me incitaba a huir a correr con todas mis fuerzas, pero una fuerza opuesta me detenía, diría que aquel joven me había inmovilizado, y lo veía acercarse más y más, y mientras la distancia entre nosotros se reducía, pude ver con más claridad a medida que se acercaba, de sus rasgos faciales. Es más atractivo de cerca, su cabello brillante adquiere un tono rojizo oscuro con el sol, su rostro tiene lunares, uno en su mejilla derecha, otros tanto en su cara, y cuello, creo que se me hacía alguien muy familiar.

Y entonces me di cuenta que todo este tiempo me estaba observando a mí mismo.

sábado, 10 de junio de 2017

HEY TU, LA DE TRISTE MIRADA…

Hey tú, la de ojos de diamante, de sonrisa alegre pero ojos llorosos, quiero alegrar esa mirada, dar sentido a los latidos de tu corazón, quiero que tus sueños sean felices, no ilusiones ni fantasías vanas, quiero que corras tras algo real, no tras un arcoíris que aunque colorido solo un espejismo es. Hey tu, la que está al otro lado de esta pantalla, mirando caracteres inertes de un frío monitor, quiero que mires dentro de mí a través de estas palabras, que sientas lo que por ti siento, que descifres los misterios de mi alma enamorada, que visualices lo mucho que estoy dispuesto a amar, quiero que nunca más, tu llanto sea de dolor. Hey, la de un corazón solitario, quiero contarte una historia de amor.
 "Un día de Julio, arribó a una tierra extraña, un alma solitaria que huía de la soledad, huyendo de ese negro fantasma desolador de almas puras. El arribo fue lamentable, presencias nuevas, hostilidades nuevas, frios corazones, pero entre todo el tumulto de presencias extrañas, un resplandor brillaba entre la oscuridad de la soledad que nuevamente comenzaba a cercar su existencia: Dos bellos ojos, ojos de diamantes, ojos relucientes, hermosa mirada, que aunque fría al contacto, era cálida al corazón. Esa alma que buscaba una pizca de felicidad, sintió temor ante una mirada cegadora, imponente, misteriosa, magnética, temió ceder ante el encanto de deslumbradora portadora de invaluables gemas. Pero todo intento de lucha, de evadir el destino fue vano, Cuando pensaba que no podía ceder más, un día al despertar se dio cuenta que había ocurrido algo inesperado, esa mirada, se apoderó de sus sueños. Y cada día, aunque no viéndola físicamente, en los sueños hacía presencia. “Maldición-Se decía al despertar-Hoy volví a soñar con ella, y ya quiero dejar de hacerlo”, huir de los sentimientos, es como huir del día, estar enamorado y no ser correspondido, es como un mar de abejas atormentándonos las 24 horas, mientras más se huye de ellos, más grande se vuelve el tormento.”
Corazón enamorado, quiero de una vez por todas zanjar cuentas…
Hola, desde hace mucho tiempo que nos vemos, y me di cuenta que no se ni tu nombre, y a pesar de nunca intercambiar palabras pareciera que ya te conozco.

Cada día te veo en mis sueños y al despertar tu imagen se desvanece, ya no quiero perderte al dejar de soñar, quiero palparte en la realidad, sentir tus labios sin que te esfumes como el aire, sentir con la yemas de mis dedos la textura de tu piel, escuchar tu voz, y ver esos ojos mientras te digo que TE AMO. Ya no quiero jugar a la moneda con el destino, ya no creo en el azar, ya no creo en las planificaciones, ni en las previsiones. En términos de sentimientos, las cosas tienen más éxito mientras dejamos más campo a la espontaneidad, más a los instintos, a lo que nos diga el corazón, que lo que podamos razonar y calcular. Las razones no toman en cuenta la variable del corazón, es una de las ocasiones en que tanto pensarlo no tiene efecto. Hey tú, cuya mirada me fulmina en sueños, deja que mi corazón te llene de fuerzas, deja que mi amor te fortalezca, permite que tus labios endulcen los míos, quiero que tus ojos de diamantes de felicidad resplandezcan…