viernes, 5 de febrero de 2016

NO PUEDE SER MALO LO QUE TE HACE SENTIR BIEN

Oh la felicidad, que término tan abstracto y que concepto tan ambiguo es, algo que todo el mundo busca, de cuya posesión nadie ostenta, aquel que lo tiene no es consciente de tenerlo, y solo es consciente de ello, luego que se le ha esfumado. La felicidad es un todo, una suma de elementos, pero, hay personas que erróneamente, piensan que un camino para hallarlo, es mediante la persecución y la satisfacción de los placeres que la vida puede ofrecer. Esas personas que buscan por sobre encima de todo, la satisfacción del placer como determinante de su felicidad, son ahora desde ni punto de vista, patéticos, pero a pesar de eso los compadezco, porque fui uno de ellos.
Me dijeron una vez: <<No puede ser malo lo que te hace sentir bien>>. Y me lance al libertinaje y a buscar experimentar los mayores placeres que en vida, cuerpo y alma se es capaz de percibir, no midiendo las consecuencias, ignorando los límites y descarrilando la cordura. Al inicio todo era bueno y bello, volaba en la nubes, me extasiaba la lujuria, divagaba en el infinito, cuestionaba la verdad, abrazaba la anarquía, y gozaba del libre albedrío, pero por alguna razón inexplicable no era feliz, mi alma se sentía vacía, no importando cuanto disfrute alcanzara, mi sed de más nunca quedaba saciada; entonces yo  intensificaba mi búsqueda de más sensaciones placenteras y extasiastes, y aunque incrementaba la intensidad, las dosis, y el desenfreno a límites peligrosos, me di cuenta que no era más que un caminante en el desierto que al beber el agua de un espejismo no dejaba de sentirse sediento, era solo un iluso que perseguía al sol, era un soñador buscando el arcoíris.
Luego de haber estado en lo más alto de la montaña rusa, estaba ahora en el abismo de la desesperación, la soledad y el vacío gritando dentro mío, el silencio era ensordecedor, la oscuridad tan fría y tenebrosa, mi habitación era mi fría celda que me mantenía en mi fantasía, de la que no quería salir, el mundo era tan extraño para mí, asomar la cabeza y ver personas que no vivian de placeres y que llevaban una vida sin miseria interior, me hizo sentir estúpido y tonto.
¡¡¡MALDICIÓN!!! – Me decía – Tal vez me he equivocado de camino, quizás todos han recorrido el sendero que yo me negué a seguir, ¿y si los consejos de tantos muchos que no quise escuchar estaban en lo cierto?, ¿será posible que mi ego no me permitió ver la verdad que todos sabían?, ¿acaso su cobardía y temeridad a lo desconocido estaba justificado por su sentido común de autoprotección emocional?
Y así como la noche es oscura antes del amanecer, así el sufrimiento es más intenso antes de la revelación de la verdad que tiempla el alma, y la verdad comenzó a emerger desde mi interior, dando fe de que siempre tuve todas las respuestas, que siempre me negué a buscarlas dentro de mí, y erróneamente lo buscaba en el exterior, y de maneras estúpidas. Y comencé a ver mi vida en retrospectiva, a ver que el pasado ya no me pertenece, y no debo aferrarme a él, y pude al final encontrar esas respuestas.
Hay personas que son tan vacías que buscan con placer llenar el vacío que hay dentro de si, personas solitarias, que faltos de afecto buscan con sexo compensar su falta de amor, en drogas su falta de afecto. Esas personas se vuelven más infelices, pero a la larga terminan convirtiéndose en mejores personas, porque el sufrimiento y el dolor les enseña a empatizar y a valorar más a cada ser humano de sus vidas.
Comprendí que no era bueno hacer algo me haga sentir bien si después de experimentarlos mis experiencias posteriores quedaban denigradas y no me permitían sentirme bien. A veces por tener placeres momentáneos intensos sacrifiqué mi bienestar posterior.
Descubrí que felicidad no está en efímeros placeres, y que tampoco es consecuencia de buena suerte sino de sabias decisiones y un poco de coraje para arriesgarnos a perseguir nuestros sueños, realizando cosas de las que no tenemos la seguridad de si funcionarán o no. Para cada hazaña, cada ser humano tiene siempre dos posibilidades, una donde todo puede salir mal, la otra donde todo puede salir bien. Y hasta una tercera donde todo puede salir exponencialmente mejor de lo esperado y hasta una consecuencia colateral no esperada pero muy gratificante. Es mejor entonces a veces arriesgarme a quedarme en la pasividad y luego especular en mi mente qué hubiera acontecido si habría dado el paso. Caer es una opción, rendirse es imposible, he ahí algo de la felicidad, la conquista de los sueños.

William Blake escribió, <<El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría>>. Por consiguiente al haberme excedido en la búsqueda de placeres, es que adquirí parte de la sabiduría más sublime de la vida, el haber aprendido que el placer verdadero, el auténtico y perdurable es simplemente la ausencia del dolor, el amor hacia uno mismo.

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