jueves, 1 de diciembre de 2016

SOLDADO EN LA BATALLA



En la zona más confortante, yo esperé la señal, el mensaje proverbial, el evento extraordinario, el suceso improbable, sentado en silencio, oculto por las sombras, sin hacer ruido alguno, yo, mirando hacia el cielo, hacia la ribera del río, escuchando el sonido del viento, esperando algo anormal y fuera de lo común, sería esa la señal, para comenzar a actuar.
Y en mi corazón, la calidez de mis recuerdos, de mis grandes amigos, mis amores perdidos, mi familia amorosa, me reconforta mientras temeroso, espero la eventualidad que podría cambiar el rumbo de mi vida. Los versos últimos que me escribió en una carta, su despedida esperanzadora de que nos volveríamos a ver, la pasión y la nostalgia de sus letras, las canciones con sus dedicatorias, y el perfume de sus letras, yo a todo eso lo tengo en un lugar privilegiado en mi corazón.
El amor, ese sentimiento que infunde de fuerza a cualquier empresa emprendida por cualquier mortal, no ha hecho excepción por mí, y estoy aquí, a punto de quitar vidas, en nombre del amor, a punto de desatar el odio y furia contra otros camaradas de armas.
Pero ¿cómo puede uno pelear por amor desatando odio?, es algo contraproducente, como cuando vi ciertos manifestantes quemar cosas en protesta por el cuidado del medioambiente.
Habría que ser consecuente en toda lucha, ¿se puede pregonar amor desatando odio?
Luego recordé una frase, que decía, que si queremos paz, debemos hacer la guerra, dos conceptos buscan un mismo fin, uno complementa al otro, no puede existir paz, si no son sofocados los elementos desestabilizadores y hostiles, y esos elementos por su misma naturaleza hostil, no podrán ser aplacados más que con la violencia misma, y por ende, una vez ahogadas sus aspiraciones bélicas y violentistas se obtendrá la tan ansiada paz.
Entonces no hay necesidad de ser consecuente con el fin que buscamos, peleo por amor, pero por defenderlo a veces es necesario a pesar de muchos, romper el dogma por el cual actuamos motivados, la guerra es necesaria, inscrito de manera natural en nuestra sangre, en nuestra naturaleza animal, porque si el amor es un sentimiento propio de nuestra naturaleza humana, la guerra no es más que algo más evolucionado y encaminado de nuestra naturaleza competitiva que llevamos plasmada en nuestros genes.
Y aquí, yo, en el silencio del bosque, esperamos yo y mis otros camaradas, a nuestro brutal enemigo, con quienes entablaremos singular combate a muerte, cada quien defendiendo la causa por la que lucha, cada quien en el afán de demostrar cuál tribu es la mejor y la más fuerte.
Amor, he aquí una emoción que puede ser causante de las peores manifestaciones humanas, la brutalidad no tiene precio, pero es un camino para mantener la seguridad y el bienestar de aquellos seres más débiles y sobre todo, a los que amamos más que todo.
Cuántos corazones rotos habrá a partir de mañana, cuántos corazones desolados dejará esta batalla, y quién sabe si mi amada mía será una de ellas. No lo sé, puede ser.
Se escuchan los augurios, los centinelas alertan de la cercanía del enemigo, no hay más miedo en mi corazón, solo el deseo de defender lo que más amo, ya no peleo por mí, ni por mi patria, ni por la ideología de mi gobernante, peleo ahora, por mis seres queridos, por mis seres amados, porque si nosotros no obtenemos la victoria hoy, serán ellos quienes sufrirán las consecuencias de este enemigo cruel, sanguinario y déspota, mi pelea es por amor, por defender lo que más amo, y mis camaradas, aunque no lo dicen, en su mirada percibo que todos tenemos la misma motivación de lucha. Por primera vez, pelearemos por algo más supremo que espíritu de lucha o gloria, pelearemos por amor, por amor daremos combate a las hordas enemigas y no tendremos piedad ante ellos, ya que ellos no tendrán piedad de nosotros ni lo tendrán si derrotándonos, se encuentran frente a frente de nuestros seres a quienes más amamos.
Veo el cielo, y veo las aves volar, yo creía que ellos no luchaban, pero veo que si, deben lidiar cada día contra depredadores que los acechan a ellos, y a sus nidos.
A fin de cuentas, esta vida se trata de sobrevivir, la clave del éxito es la experiencia de la supervivencia, desde que llegamos a este mundo, comenzamos a luchar, nuestra existencia es una constante lucha hasta el día en que la muerte nos dará el descanso definitivo. Mientras respiramos, mientras existimos, nuestra vida es una constante lucha, de diferentes maneras, de diferentes escalas, pero una conflagración eterna que nos motiva a seguir adelante.
El centinela nos dice que el enemigo ya está a la vuelta de la colina, no hay más deliberaciones que hacer, pronto mi vida estará en juego, el dolor no tiene lugar para el miedo, porque hay una motivación que me mueve, es el amor, y no hay mayor cosa que me infunda fuerza que ese sentimiento que me llena de pasión por lo que sea que hagamos.
Ahora los veo, el enemigo avanza, henchido de confianza, quizás en su mente solo hay el zaqueo de los bienes conquistados, pero yo sé que ni yo, ni el resto de mis camaradas, se los permitiremos.
El general nos avisa que debemos atacar a su señal, y mi corazón se infunde de adrenalina y fuerza, no hay lugar para el retroceso ni para el rezagamiento ni mucho menos el miedo.

Dan la señal, y juntos yo y mis otros hermanos de causa, nos abalanzamos ante las hordas del enemigo, la moral alta nos hace correr, gritos y arengas por parte de nuestros oficiales, “DE AQUÍ EN ADELANTE ES LA VICTORIA O LA MUERTE, NI UN SOLO PASO ATRAS”, y empuñando armas, con las lágrimas sabiendo que vengaremos a otros pueblos arrasados y defenderemos a nuestras familias antes que el bárbaro enemigo esté a las puertas de casa, vamos con ánimos infinitos de lucha, el enemigo ya no nos atemoriza, y  ahora cada uno sabe, que pase lo que pase, a partir de este momento ya nada será igual, una guerra lo cambia todo.

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