lunes, 5 de mayo de 2014

MARY JANE

Ya pasaron dos meses desde que sentí su sabor en mis labios. Entonces decidí dejarla para siempre aunque mi corazón se desgarrara al enterarse que mi razón tal decisión había tomado.
Yo debía saberlo, yo lo sabía, sabia de mi vulnerabilidad de volverme adicto a ella, y como evitarlo si tan feliz me hacía, como no caer en adicción cuando luego de haber pasado desdichas, decepciones, luego  de que el mundo me hizo liberar torrentes interminables de lágrimas de sangre, cuando el mundo me ofrecía golpes por mi tan buena voluntad, y cuando sufría el rechazo de la gente corriente solo por desafiar lo que ellos tienen por verdad; como no volverme adicto a ella cuando en medio de la tormenta de piedras, alguien me ofrecía su mano y acariciaba mi rostro y me mostraba utopías y esperanzas al alcance de mi mano... Y la conocí y supe que en mi corta vida había llegado a un punto de viraje, a una especie de bisagra temporal, a un antes y un después de mi historia... Si a partir de entonces ella se convirtió en la puerta de escape de este mundo, ella se convirtió en aquella puerta que no existía en el muro que me tenía recluido en la realidad, y al cruzar por ella me liberaba de los pesares cuando al llegar a casa solo deseaba huir del mundo... Y ahí ella me esperaba, cuando al entrar a mi habitación me llamaba al éxtasis, solo sentir su olor alteraba mis sentidos, era un llamado a poseerla, y la poseía y comenzaba el ascenso al cielo, entonces experimentaba lo que es el amor, la ternura, el placer, la lujuria, la alegría, la pasión, el libido, lo sublime de la vida, la agudeza de mis sentidos, y toda aquella magia de tiernas emociones que todo hombre necesita experimentar para poder afirmar que alguna vez amó.
Nunca se negó a que yo probara de ella, jamás me negó su aroma, ni siquiera en el peor de las crisis que me no eran pocas.
Pero era una relación prohibida, rechazada por cualquier otra persona ajena a mi realidad. Buitres!!!-les gritaba- Como se atreven a juzgarme, ustedes que viven míseras vidas de conformismo, sin ideales que rijan su vida, atrofiados en el servilismo al dinero y a un sistema que somete su mente a la pasividad. No están en posición de juzgarme, porque no son capaces de ver más allá de lo que sus ojos miran, no son capaces de sentir más allá de lo que su corazón impone, no son capaces de ver más allá de lo evidente ni cuestionar lo establecido, y desafiar lo que por imposición les hicieron creer por verdad, no saben ni siquiera lo que es la felicidad, su felicidad solo está limitada a lo material. Si al menos fueran la mitad de felices de lo que soy cuando estamos juntos ella y yo, me molestaría al menos en considerar su opinión, pero viven vidas de mentira, de ilusiones, falsedades y espejismos que les pesa ver un individuo en cuyo rostro al igual que en cuya alma brilla la gloria, la paz y la alegría y la esperanza de un mundo mejor.
Y la ame y ella me amo, y viví y soñé y crecí y maduré gracias a ella, aquel niño que se negaba a crecer por fin agarro la vida por las astas y lo trajo frente a si, y mirándolo fijamente y con la furia de un renegado, le dijo: "es momento que viva en el presente y me haga la idea que en la vida la única constante es el cambio". Y así fue y así es, y me batí en revancha con la vida.
Mi vida tomo un giro diferente, empecé a descubrir las respuestas de lo que los demás atribuían a algo divino o solo misterios inexplicables, mi sed de conocimiento era potencializado al máximo, comencé no solo a buscar respuestas sino a poner a prueba la verdad que creía conocer y a cuestionar lo establecido. Vaya, nunca me había dado de  cuánto he madurado gracias a ella, cómo cambio mi manera de pensar tan radicalmente. Y la ame y la añore a cada momento y con ella el tiempo pasaba tan deprisa, como si el tiempo se detuviera y todo a mi alrededor quedara fuera de foco.
Mi amor se volvió una enfermedad tan grande como era mi felicidad cuando la tenia, igualmente grande era mi desesperación cuando se iba en sus inevitables partidas.
La amé tanto durante mucho tiempo y a un extremo tan obsesivo que cuando no estaba conmigo, ocurría como si de un sueño despertara, y me daba cuenta y miraba a mi alrededor volvía a la realidad ¿por qué todo está tan cambiado, porqué todo se ve tan diferente? No era así como recordaba el mundo, no era el mismo mundo que recordaba cuando la tenía a ella.
Tal vez y digo solo tal vez en un momento de fugaz reflexión propio de cuando uno trata de explicar el porqué de las cosas, es que me cuestioné si lo vivido con ella fue en verdad algo real o una mera ilusión. Solo cuando no estaba conmigo estas deliberaciones ocupaban mis confundidos pensamientos, y buscaba respuestas no con tanta obsesión como cuando la buscaba a ella.
Y mis días pasaban y cuando ella regresaba, repetíamos nuestro ritual tan desesperadamente como si mi vida de ello dependiera, ella y yo a nuestra manera, y así, cuando ella estaba conmigo, venía que el entorno grotesco y hostil, nuevamente se convertía en el paraíso, ¡pero qué me importa lo demás!, si junto a mí, la tenía a ella, por qué preocuparme, si junto a ella, todo alrededor mío cambiaba mientras junto a ella exploraba los límites del hedonismo.
Cuanto hubiera deseado que aquellos tan dulces instantes duraran todo el tiempo, el 100% de mi vida ¿Era mucho pedir?, creo que al parecer sí.
Creo haber llegado a la conclusión de que esta vida fue diseñada para proporcionarnos en media medida nuestra respectiva dosis de dicha y dolor, y yo estaba, gracias a ella, transgrediendo esa regla, por lo tanto estaba desequilibrando la ecuación, y la providencia para compensar ese desequilibrio, de una forma inesperada pero contundente, lanzó sobre mi toda la carga de desdichas que junto a mi amor estaba evadiendo. Y ella se fue, y perdí mis amigos, perdí mi vida, y perdí mi familia. Ellos me abandonaron por que no aceptaban que fuéramos felices ella y yo.
Me empecé a dar cuenta que existía un patrón, y es que mientras con ella todo era felicidad, sin ella, toda mi vida se convertía en un caos, llegué a odiar la vida tanto que deseaba incendiarlo todo, pero maduraba, el dolor se me pasaba al poco tiempo, me acostumbraba a su ausencia, y aunque ella se ausentara mucho tiempo, yo era capaz de equilibrar mi vida por mi cuenta.
Pero cuando sucedía, en las largas noches solitarias de su ausencia, salía bajo el cobijo de la noche a buscarla.
-¿La has visto?, por aquí la encontraba antes.
No la hallaba y como la luna que es mi testigo, noches enteras pase llorándola, días enteros de depresión y decaimiento, ese amor se había vuelto muy enfermizo, por aquellos días hubiera preferido dar lo que sea por sentir su sabor en mis labios. Pero no, momentos así no se olvidan fácilmente...
Y pasaron días y semanas hasta que nuevamente la ecuación de mi vida volvía a equilibrarse, ya que no se encontraba esa variable que creaba el desequilibrio y esa inestabilidad, ella era la constante que desequilibraba mi estabilidad emocional, racional, ella volteaba la balanza hacia el extremo negativo para mi equilibrio mental. Pero la amaba en recuerdos, y sin embargo mi ser se fue olvidando de esa necesidad absurda de querer poseerla a cada momento.
En la paz de mi serenidad, se presentó un amigo ante mí con ella. Verla, olerla hacia revivir en mi tantos recuerdos, aquellos momentos idos, pero que aún deseo. Fue entonces que la probé por última vez, y ya van casi tres meses, un record considerando que nunca deje de probarla en tan distante lapso de tiempo desde que la conocí. Espero que ya pueda decir que la he olvidado, y espero que cuando nuevamente tenga frente a mi esa deliciosa droga, tenga las fuerzas necesarias para decir lo que debí haber dicho cuando me la ofrecieron la primera vez, y que desde entonces no puede detenerme. Hace mucho tiempo, esa tarde en aquel bosque, cuando esos chicos lo iban pasando de uno en uno, y cuando llegó a mí, debí decirles: NO GRACIAS, NO LA ENTRO.

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