viernes, 16 de mayo de 2014

AQUELLA ORILLA

La inactividad a veces resulta aburrida, a quien no le gustaría pasar sus días esperando nada, esperando que cada día que pasa será igual al anterior y es igual a como será mañana, desde los primeros rayos del sol, desde las primeras notas de los cantos matutinos de las avecillas, pasando por las primera sensación de calor que trae el día tras una fría noche, y nuevamente sentir la brisa del viento anunciando el mediodía.
A mí sí me gusta estos momentos, me resulta interesante mientras dure, porque sé que en algún instante esto acabará, en que en algún momento se terminará este momento solo para mí y mi meditación interior, y es entonces cuando nuevamente deberé regresar a la realidad, al mundo donde todos deben cumplir un rol en esta sociedad para ser aceptado dentro del enjambre humano que existe parásita en este planeta tierra.
Ayer salí a caminar, y me pareció mágico recorrer las mismas calles que con mis amigos de antaño recorrimos, quizá a pasar el rato, fumar unos cigarrillos, o escapar a un lugar en la naturaleza lejos del ruido de la ciudad. Ayer tuve ganas de ir a orillas de ese río donde tantos días la pasamos sentados ahí mis amigos y yo, donde solo permanecíamos observando como ese interminable flujo de agua que venía de algún lado, algún día llegarían al mar; solos  ahí, mientras nos volvíamos parte de la madre naturaleza, y nos dejábamos sumergir en su paz y armonía, nos sentíamos parte de ese entorno de equilibrio. Y estábamos ahí, conversando de cosas triviales que se volvían interesantes, ya nada importaban los formalismos, éramos dueños del momento, éramos parte de lo natural, y ya no importaban los protocolos inventados por otras personas que se niegan volver a los orígenes de donde cuyos ancestros había salido, hace ya tiempo, mucho tiempo. Muchos olvidan ya, en pos de la modernidad, que todos somos parte de la madre naturaleza, que aunque sea flagelada o violada, siempre estará dándonos aire que respirar, agua que beber, suelo que nos alimentará… Ayer me vinieron ganas, de aunque solo, volver a esa misma orilla que con mis amigos, que algún lado ahora están, ya no están conmigo.
Días como hoy debo aprovechar, por que en algún momento estos días terminarán, será cuando la monotonía de la paz interior, se rompa con la monotonía de trabajar para continuar viviendo, existiendo en este mundo al que no encuentro sentido el hacerlo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

/