miércoles, 25 de noviembre de 2015

TARDE


    No tengo ganas de escribirte sinceramente, eres tan narcisista que pareciera que quisieras jugar como siempre, o no sabes aún qué es lo que quieres, y en tu indecisión buscas en otras personas encontrar lo que no sabes lo que quieres, vas por diferentes caminos, sin un rumbo fijo esperando encontrar ese algo que te satisfaga, y mientras lo haces vas por ahí lastimando los corazones de cada persona a quien utilizaste para probar si ese alguien en cuestión satisfacía tus expectativas, pero cada vez te sentiste más decepcionado, porque nadie te llenaba porque nadie lograba darte la felicidad a largo plazo; el placer y el lívido solo era temporal, aunque intenso, nunca iba más allá que un leve momento, y continuabas tu búsqueda, hiriendo, ensuciando camas, vendiendo esperanzas y destruyendo ilusiones de cuanto iluso se cruzaba en tu camino, sin embargo en tu caminar ibas caminando más y más lejos, tomando más y más riesgos, y cuando te diste cuenta, notaste que por más personas que ibas conociendo, tu soledad se iba acrecentando, tu infelicidad aumentaba exponencialmente a medida que el tiempo corría sin cesar, y cada día, por más brillante que el sol resplandeciera, era tan oscuro para ti, para tu alma y sin embargo tu hambre de más nunca se iba, habías caído en un círculo vicioso, en una adicción de querer buscar más y más personas al paso para satisfacer esos inherentes deseos de poseer a quien sea, buscabas a alguien quien llenara el vacío dentro de ti.

     Cuantas veces te oí decir que necesitabas alguien a quien amar, y que una voz oscura te decía que no dejaras de buscar, pero sin embargo algo en ti, una voz diferente, mencionaba que buscabas en el lugar equivocado, que tal vez ya pudiste haber hallado a la persona ideal, pero que por tanto tiempo, cegado por la búsqueda de una ilusiones y placeres temporales, habías dejado a esa persona fuera de tu campo visual. Y es entonces que comenzaste a recapacitar, volviste a echar un vistazo alrededor tuyo para ver de quien se trataba. Y cuando al fin te diste cuenta, cuando por fin decidiste escuchar la voz de tu corazón, cuando al fin abriste los ojos y levantaste la mirada para reconocer a quien por tanto tiempo había estado junto a ti, muy a tu sombra y muy silenciosamente apoyándote y sin nunca abandonarte, te das con lo que temías tanto. El tiempo es el peor enemigo de un sentimiento, hasta del amor, y cuando te diste cuenta, esa persona, de tanto esperar que al fin te dieras cuenta, al no ver satisfechas sus necesidades de atención de parte tuya, le creció tanto una necesidad de esa atención y afecto, que cedió ante la primera persona que la hiciera sentir importante, encontró alguien a quien amar que al mismo tiempo la amara recíprocamente. Habías estado buscando en lugares equivocados y con personas equivocadas, que solo eran una cortina de humo que no te permitía ver al amor que siempre durante tanto tiempo estuvo esperando por ti. Pero, según aprendiste a costa de dolor, todo tiene su límite, hasta la paciencia, y pues, por tu necedad nuevamente quedaste solo, a esa persona la habías perdido, y volverías a mirar alrededor tuyo para ver si podía haber alguien más, y no había nadie más. De vuelta a tus viejas andanzas, a continuar en tu búsqueda del amor a través de placeres momentáneos con personas al paso. Tal vez por azar encuentres a quien necesitas amar.

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