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miércoles, 1 de julio de 2020

DECADENTE



Bestias negras de corazón incoloro, voy rondando sobre estás calles coloniales, que evocan la nostalgia y la decadencia de una época obscura, que ensalzó el clasicismo y el racismo como valores sociales.

Cuanto dolor siento ver la precariedad de edificaciones de un tiempo donde aplastar gargantas de negros e indios era normal e impune, si estos muros decadentes pudieran al fin dejar de callar y dar testimonio de las incontables injusticias fueron testigos en sus calles, se sentirían al fin libres de desmoronarse por el peso de su propia decadencia para dar paso a una nueva arquitectura más vanguardista y acorde con los ideales contemporáneos que van siguiendo en la actualidad.

No entiendo porque insistir en mantener en pie lo que claramente es decadente, como intentar mantener creencias obsoletas arraigadas en tradiciones y dogmas sin sentido y que obstaculizan el devenir hacia un mejor futuro, claramente el intento de mantener en pie viejos edificios de estructuras corridas por el tiempo, es la analogía de una sociedad que se resiste a dejar ir ideas caducas que el tiempo ha ido también corroyendo. Para lograr cambios, hay que demoler las creencias que ahora entorpecen el avance hacia una sociedad más igualitaria y tolerante.

Pero voy caminando, y el tiempo va presionando poco a poco, de cambio lento, pero tangible, como el cambio de posición de las estrellas del firmamento, inamovibles para una vida humana, pero cambiantes para la historia.

lunes, 11 de mayo de 2020

EL ABISMO

   


    Sumido en la soledad de una habitación que termina siendo todo mi universo habitable, estaba mirando a través de la ventana, a la nada, una pared tapiada directo a la nada, buscaba un alivio en algún lado, y solo tenía eso: Nada, silencio y obscuridad, y frente a mi emergía una sombra obscura que poco a poco iba dominando todo lo que tenía frente a mí, acrecentándose un abismo profundo de una obscuridad absoluta que me hacía pensar en el horizonte de sucesos de los agujeros negros, el punto de no retorno desde el cual nada puede escapar, y aquello que atraviese ese límite tiene un destino incierto en una singularidad que nadie conoce.

     El abismo tiene una fuerza atrayente a los de débil corazón, te incita a mirar su oscuridad, atrae tu mirada y al hacerlo empieza succionar lágrimas de tus ojos que empiezan a fluir a caudales como ríos en días de invierno, y la silueta de una sonrisa que apunta hacia el cielo es deformada y curvada hacia el abismo, el arco se invierte hacia él y la otrora sonrisa ahora denota tristeza, y las lágrimas succionadas de tus ojos empiezan a descender por tu mejilla, humedeciendo tu rostro, volviendo pesada tu cabeza que se inclina hacia adelante encorvando tu cuerpo, en una postura con los brazos caídos también succionados por la poderosa fuerza de atracción que la oscuridad genera, y todo el cuerpo entonces denota derrotismo, en aquella posición es más penetrante e inevitable que se vea al abismo, al terrible abismo y poco a poco su fuerza gravitatoria, va atrayéndote hacia él, hacia la nada que representa esa oscuridad, y sin que te des cuenta, vas mirando al abismo y el abismo va mirando en ti, y tu entras en el abismo y el abismo también entra en ti, hasta que estas sumergido en el, todo alrededor se ha oscurecido, ya no reconoces estar en tu habitación o en aquel lugar al que llamabas “mundo”, y entonces silencio total, todos tus sentidos quedan apagados, quedan privados de las sensaciones perceptivas que te hacían sentir vivo y solo te queda tu conciencia, atrapada en una dimensión que no tiene nada que ofrecerte más que oscuridad y silencio total y absoluto, es cuando te das cuenta que en el abismo no habita ningún monstruo ni demonio, el poder del abismo es aislarte de la realidad y sumirte en la soledad más apremiante que la cordura puede soportar, el abismo te priva de todas las capacidades perceptivas y sensoriales de tus cinco sentidos para que al final quedes atrapado tú mismo con tu peor verdugo: Tu conciencia, quien te atormenta, no existe nadie ni nada que sepa cómo atormentarte ni conozca tus peores miedos que tú mismo, ahora ya estás en la perdición, a dónde sea que mires: tinieblas; no importa cuánto grites: silencio; ni a dónde corras, no hay escapatoria, aún si pudieras huir, seria en vano, pues en este punto ya descubriste que monstruo yace en ti, el abismo solo te ha mostrado quien eres en verdad, y su sabiduría radica en que te puede atormentar mostrándote quien eres en verdad, quien es aquel a quien todos allá afuera en el mundo real deben soportar, y con quien deben lidiar, el abismo te ha mostrado quien eres, desde la perspectiva del observador absoluto, y conoces a verdadero TÚ que tanto daño hace y lastima, aquel que hace cuestionar a tus seres queridos que te vieron nacer ¿Valió la pena cuidarlo tanto?


     El abismo se acrecentaba frente a mí, sentía su oscura atracción seductora, me imaginaba un camino para llegar a esa nada, y entonces en un intento de hablarle al creador, de gritarle mi agobio y me exponga el porqué de esta farsa existencia, me respondió: La nada es todo y debe estar exento de la maldad de mi corazón, y debo abrazar a la luz que emana de la vida, pero que me niego a ver por tener la mirada en el abismo frente a mí, y no en el cielo donde destella la luz del sol, la luna y las estrellas juntas, y que mientras camine mirándolos, jamás caeré en el abismo oscuro, podré vencer su atracción sin dilación, pues la luz de todo aquello que contemplo, me sostendrá de espíritu y me hará levitar por sobre las tinieblas que no podrán ya consumirme. La luz irá a la vez purgando mi espíritu de lo que se alimenta el abismo.

     Atravieso el mar oscuro sin siquiera percatarme de su existencia, pues mi espíritu yace sujeto a la luz y a la iluminación de todo lo bueno y grandioso. Pero en mi recorrido también escucho alaridos de almas caer al abismo, a todos se les dijo que mirasen hacia la luz donde está la salvación, pero ellos necios no confiaron y soberbios caminaron y fueron absorbidos por el abismo y cayeron en su foso, fueron precipitados a la nada.

     Pero aunque mis sentimientos están purgados ya de egoísmo, aun así desisto de mirarles o también caeré, solo puedo gritarles, con toda mi voz que miran al lado equivocado, pero no puedo influir en sus corazones si ellos no están abiertos a la verdad.

    La nada, aquel abismo que al mirarlo por mucho tiempo te puede consumir, es llamado también Depresión.

 


domingo, 29 de septiembre de 2019

EN LA TORMENTA


    Estigmas y agrietas mi alma, cuando el cielo me quiere mostrar su colorido azul de medio día, ensombreces mi espíritu y la felicidad cegada queda, abres la puerta a la melancolía y las compuertas de mis ojos quedan también abiertas, inundando mi rostro de las lágrimas que represadas estaban, y que ahora sin cesar fluyen como la sangre de una herida del corazón abierto, y todo lo que no puedo ver, es lo bello que es el mundo, siento que soy un pequeño barco que poco a poco va hundiéndose en medio de una tormenta , en el mar de aflicciones sin nadie que le socorriese, hundiéndose por el peso de un pasado que se niega a soltar, prefiriendo aferrarse a recuerdos que nunca ya jamás volverán, gritando auxilio a toda voz, pidiendo urgente un rescate que parece nunca llegar, haciendo que el drama del hundimiento quede opacado por la inmensidad de la tempestad.

    Se escucha desde algún lugar algunas tenues voces que dicen: “Todo estará bien”, pero que no dan más que esperanza, voces que solo instan a resistir esperando algún milagro, algún suceso o divino hecho que hará que todo lo cambie, mas todo esto que me causas, trae consigo la sanación de un espíritu que se ahogaba en silencio, pues solo cuando ya se está a punto de perderlo todo, viene la verdadera revelación:
“Nadie va a venir a salvarte, debes salvarte a ti mismo”
    Y solo cuando entendí eso, solté el lastre pasado, y lloré y comprendí y entendí, que debía llorar, gritar para despertar del sueño en que me hallaba, reaccionar de la ilusión en que moría día a día sin saber cómo salir, pero lo hice, y luego de eso, al fin todo se despejó, la tristeza se desvaneció, el gris entorno recuperó todo el colorido hermoso, y nuevamente al alzar la mirada, pude ver el azul cielo y apreciar su belleza; tomé mi cámara y capturé la escena, fotografié mi momento de triunfo.



martes, 18 de junio de 2019

HOSTIL

Tú, que tienes nombre y muchos rostros
que aprisionas en tu órbita a tus victimas
tragas a unos, expulsas a otros
pero a todos los marcas en cuerpo y alma
pues tienes en tu horizonte a la obscuridad
y en tu interior: al fuego y la luz
algunos no soportan tu fuego
pocos tomarán de tu luz y brillarán

Y yo, en el limbo
en el incierto horizonte de sucesos
no me tragas ni me expulsas
no me incineras con tu fuego
ni me iluminas con tu luz
pero ya estoy marcado en cuerpo y alma
y de eso no hay remedio ni vuelta atrás
Nunca seré quien fui antes de orbitar en ti

Soy ahora la sombra de lo que fui,
y tú el mismo monstruo que será
cada día más voraz, hambriento y feroz
con más filudas garras,
y con suave voz de sirena
atraes a tu gravitación
de falsas promesas,
de atractivos engaños
a muchas más almas
que inocentes se arremolinan
a tu órbita caótica y cíclica
que prestos a dejarse tragar por ti,
cegados por los sueños que siguen
van tras el señuelo que sostienes
y los atrapas, un alma a la vez,
a veces muchas inocentes a la vez


sábado, 30 de diciembre de 2017

SILENCIO

Desearía acallar a este silencio, opacador de las calmas aguas de mis pensamientos discurrentes hacia la serenidad, pero me apabulla, el silencio me ensordece hasta quitarme las ganas de existir, de soñar, como una malvada liana me enreda de los pies y me arrastra hasta el fondo del abismo, y nada me puede ayudar, quizás escuchando una voz, una única voz podría disolver esa mano invisible que no me deja existir, cuyas manos las siento oprimiendome el cuello hasta estrangularme.  

Quizás solo un susurro diciendo mi nombre, y ese monstruo sofocador se desvanezca en el aire. El silencio reina, impera, y una sola palabra pronunciada por una sola persona puede rescatarme del abismo donde soy prisionero.