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viernes, 24 de julio de 2020

MOBY DICK: METÁFORA DE UNA OBSESIÓN


Y me aventuré en ir tras la leyenda, tras aquel coloso que intimidaba a hasta a aquellos que se afanaban de ser experimentados, muchos lo intentaron, pocos lo lograron, pero aun así estoy aquí, un sobreviviente, alguien que vivió para contarlo, que sobrevivió a Moby Dick.
Y No, no me estoy refiriendo a la ballena Blanca, sino a la obra literaria en si, aquella monstruosa obra de la literatura, imponente tanto como el cachalote que le da su nombre, una obra compleja, que puede resultar apabullante e incomprensible para quienes se aventuren en leer aquella obra genial. Y si, aunque pocos sean los que hayan leído semejante obra, nadie puede negar que se han  topado alguna vez con sus vastas e incontables referencias en la cultura POP,  a mi memoria, vienen capítulos hasta para niños, Los Padrinos Mágicos, Películas como El lobo de Wall Street, Una canción de mi banda Favorita “Led Zeppelin” que tiene por nombre Moby Dick, pero sobre todo, la primera vez que me interesó este libro fue cuando la vi que en la Película MATILDA, el padre de la niña con poderes mágicos, le recrimina por leer ese libro mientras el resto de la familia veía televisión, entonces el Padre Furioso, le arrebata el libro y comienza a arrancarle las páginas, ante la tristeza de Matilda que trataba en vano de impedirlo argumentando ella que esa obra era hermosa además el libro no le pertenecía, luego de eso Matilda descubre que tiene poderes mentales, y la historia de esa película da un giro.
Aun así, en más de una oportunidad que revisé Rankin de libros, Moby Dick, aparecía generalmente en dos categorías: Por ser una obra Universal, y por ser una Obra de Difícil Lectura.
Eso hizo que en el año 2017, en una feria del Libro, me hice con un ejemplar de dicha obra, pero no fue hasta el tiempo libre que me otorgó la Pandemia del COVID 19, que al fin me adentré a esa aventura literaria de leer aquel libro que por años estuvo en el anaquel adornando mi pequeña biblioteca, sin que yo le diera la Oportunidad de leerlo, y es que puede que solo ver el tamaño físico de la obra, puede desanimar a un lector aficionado.
Aun así, venciendo mi miedo, fui tras la ballena blanca y le di lectura, y cuando al fin terminé, el único arrepentimiento que me embargó, es el no haberlo leído mucho antes. Una genialidad total de un autor, como muchos, solo valorado post mortem.
No se puede comprender esta obra sin entender la vida de su autor.
Herman Melville, un aventurero, que de joven, en lugar de ir a la Universidad, decidió emprender y recorrer el mundo enrolándose en un barco ballenero. En aquella época, la industria de caza de ballenas era un negocio altamente rentable, en que los balleneros embarcaban en largos viajes en los que no tocaban tierra en periodos de hasta tres años. Fue así, en esta etapa de su vida, que conoció y se curtió en el oficio sobre el cual años más tarde plasmaría en su monumental Obra, es de mencionar, que en sus tantos viajes alrededor de mundo, Melville, llegó a conocer Perú, específicamente la ciudad de Lima, al cual por cierto varias menciona en el libro.
Melville, ya luego de años de vivir las duras condiciones de la vida ballenera, decidió al fin, pasar a tener una vida tranquila y se dedicó a ser escritor, curtido por la vida, y por las largas horas de introspección que significaba mirar la vastedad del océano hasta donde la mirada se perdiera, escribió muchas historias algunas de considerable éxito. Pero llegado a un punto, decidió escribir lo que para él sería su mejor obra, Moby Dick, basándose en los sucesos que acontecieron en la vida real a una embarcación ballenera que trágicamente había sido hundido por un cachalote, y cuya historia conoció Melville, entrevistando a uno de los sobrevivientes. Por cierto la historia de esa embarcación que sirvió de inspiración para la obra que hago mención, fue llevada al cine bajo el título de “EN EL CORAZÓN DEL MAR”, y tanto el poster como en el tráiler de la película se leía: “La historia que inspiró al mito de Moby Dick”


Moby Dick es una de las pocas obras, que fue concebido por su autor con la intención de ser una obra maestra y que logró ese objetivo, aunque no fue valorado en su época, hoy tiene el privilegio de ser considerado como un Clásico de la Literatura Universal.
Lamentablemente para su autor, la obra recibió duras críticas literarias que hicieron caer a su autor en una depresión profunda, producto del desprestigio posterior que recibió, y no volvió a escribir una obra de tal magnitud, y para sobrevivir tuvo que dedicarse el resto de su vida, a labores diferentes a la literatura para poder sobrevivir y poder pagar sus deudas. Melville, es los trágicos autores que no lograron en vida de su grandeza, tal como también ocurrió con otros grandes como Cervantes o Vallejo.
Pues la Obra en si, puede ser interpretada de diferentes maneras, más que una novela de aventuras, es una metáfora a la obsesiva, enfermiza y autodestructiva persecución de los ideales, de eterna lucha del bien contra el mal, la búsqueda de Dios, o la eterna lucha del hombre contra la naturaleza, visto todo desde la perspectiva de un barco ballenero que va tras un raro espécimen y temido, cuya búsqueda, al igual que la persecución de los seres humanos de ideales demasiado imposibles, terminan en total tragedia.
Según el relato El capitán Ahab, comandaba un barco ballenero, cuando se cruza con un extraño ejemplar de cachalote albino, de una blancura como la nieve, cuyo cuerpo estaba repleto de arpones incrustados en su piel de los multiples y fallidos intentos de darle caza, y al que los balleneros llaman Moby Dick. El campitan Ahab trata de cazarlo, pero la ballena, que era de unas dimensiones extraordinarias y que se decía poseía además una audacia e inteligencia casi humana, poco común en su especie, en su intento de defenderse, lucha contra los balleneros y destruye sus botes, y en ese enfrentamiento amputa una pierna al capitán Ahab, quien sobrevive, pero que desde ese momento siente un odio visceral y casi enfermizo a Moby Dick, por haberle condenado de por vida, a tener que llevar una pata de marfil en su cercenada pierna, el mismo que al caminar, hacía un ruido característico cuando la pata de palo, golpeaba sobre la cubierta del barco, desde entonces Ahab busca tomar venganza, en su retorcida mente, se concibe a si mismo como instrumento del Bien, y como agente del bien, cree que es su deber moral, acabar con ese mal encarnado en el leviatán Blanco que ronda los mares hundiendo barcos y asesinando hombres.
La historia es narrada en primera persona por el tripulante Ismael, pero ocurre algo a lo largo de la historia que es uno de los defectos del libro, y es que si bien la obra está narrado en primera persona, el narrador llega a convertirse en ciertos momentos en un narrador que todo lo sabe y que todo lo ve, que puede hasta estar presente en diálogos en donde el tripulante Ismael nunca está presente, o que narra sucesos que ocurren en barcazas en donde el narrador es imposible que esté, además de mostrar los soliloquios de los personajes sus acciones y pensamientos que estos tienen en solitario mientras el resto de la tripulación duerme. Hay una alternancia entre narrador en primera persona y un narrador omnisciente. Este es quizás uno de los defectos por el que duramente los críticos le han atacado a Melvine. Tal parece que la monumental de esta obra, apapulló a su mismo autor, que se perdió en la grandeza de su propia obra al punto de no darse cuenta de este error, si es que fue un error. O tal vez, trató de retratar esa alternancia que a menudo ocurre en el mundo, cuando nosotros presenciamos los hechos, y en nuestra mente solemos acomodar los sucesos para darle algún tipo de sentido, inventamos diálogos que pudieron haber dicho tales o cuales personas a las que nunca les escuchamos decir tal cosa, todo con tal de que concuerde con la narrativa que nosotros queremos creer.
Además, otro punto en contra del que se valen los que critican este libro justificando el que sea insufrible y muy difícil de leer, es debido a lo que muchos consideran, un excesivo relleno. Si, el libro es monumentalmente extenso, las ediciones promedio rondan por las 600 páginas, y si bien sus principales detractores argumentan que el libro pudo contarse en muchas menos páginas, obviando muchos capítulos que tratan sobre la cetología o (clasificación científica de las ballenas), que si bien dichos capítulos no aportan nada a la trama (y que bien el libro podría haber prescindido de ellos), ayudan a entrar en el contexto sobre cómo era percibido la caza de ballenas en la época, además, detalla en muchos capítulos, cuál era la rutina de procesar una ballena capturada, desde la manera de cortarlo y procesarlo para finalmente obtener el tan valioso aceite que era el principal producto de la actividad ballenera. Como dije, si bien estos capítulos no suman en nada a la trama de la historia, puede enriquecer para entender lo dura que era la vida en un barco como el Poquod, aunque bien no puedo dejar de dar un poco de razón a quienes pueden llegar a odiar el libro por estos innecesarios detalles sobre la historia.
Aun así, eso no le quita ningún mérito a la obra, pues si bien este aspecto tiene muchos detractores, hay quienes aplauden dicha precisión por su carácter científico e informador para quienes como yo, no entendían previo a leer esta obra, la diferencia entre ballenas, cachalotes, yurbatas, o la ballena jorobada.
Hay así mismo, capítulos que son muy memorables en la Obra y los mismos que son suficientemente geniales para apabullar a los defectos del mismo antes mencionados.
Hay capítulos del libro que ensalza amistad sin prejuicios entre nuestro protagonista y un temible africano al que todos temen por su fama de caníbal, y sobre el que Melville escribe una de las frases más bellas que encontré en el libro:
Qué elásticos se vuelven nuestros rígidos prejuicios una vez que el amor viene a doblegarlos.
Con esa frase Melville nos anuncia cómo podríamos eliminar los odios que son vigentes en nuestra sociedad: Racismo, Homofobia, Clasicismo y Xenofobia. Los seres humanos podemos odiar a quien no conocemos cegados por prejuicios, pero una vez que empezamos a congeniar con ese alguien, y conocemos sus miedos, sus temores, inseguridades y sus sueños, vamos descubriendo que en el fondo no son diferentes a nosotros, y que  adentrándonos en las profundidades de su alma, la empatía emerge, y podemos entonces amar, y ese amor siendo una fuerza poderosa, hace que la barrera del prejuicio se derrumbe, y se pueda apreciar al ser humano que teníamos en frente, en todo el esplendor de su belleza interna.
El mástil
También me gustó la parte en que describe cuando al protagonista le enviaban al mástil más alto para servir de vigía ante la presencia de las ballenas en la lejanía y dar aviso a la tripulación para su persecución, el autor relata que esos momentos de total soledad, de silencio y que teniendo a la vista hasta donde la mirada le permitía ver el azul del mal y el celeste cielo, le permitían entrar en un estado de calma y paz, donde simplemente dejaba volar sus pensamientos y comenzaba a entrar en sublimes estados de introspección, tal que descuidaba su labor de vigilar o avistar en la lejanía a las ballenas, para cuya tarea se le había enviado a ese puesto de altura, y en cambio sentía a su mente volar por los confines del universo. Alguna vez, en ciertos viajes que hizo, me sentí igual, cuando en momentos de calma, al observar la lejanía de bellos paisajes, sentía una especie de desconexión con la realidad, y a mi mente afloraban infinidad de pensamientos, y me ponía casi en modo Socrático, analizando y filosofando sobre cuestiones de la vida o hasta casi existencialistas, tal que perdía la noción del tiempo y el espacio, mi mente parecía volar al contemplar los vastos parajes en total silencio y tranquilidad, sentía que la naturaleza se sincronizaba conmigo, y volaba con mi mente sobre ella.
Es la parte de la lectura, cuando sentí lo que el autor de Moby Dick quería decir, sentí por esas descripciones lo mismo que sentía el personaje, recordando en parte, mis propias experiencias en situaciones similares, que me resultaron muy geniales y a la vez fascinantes. Debió ser genial, ser un joven ballenero, sin ninguna preocupación por la vida, en lo alto de un mástil, lejos del ajetreo de la vida en cubierta, en total silencio y calma, con el balanceo del barco, y teniendo a la vista el infinito horizonte hasta donde la mirada se puede abarcar, me pregunto, si hubiera estado en esa situación, a que revelaciones podría haber llegado, es algo que me pareció súper genial, y fue la parte del libro que más disfruté leer.
Lima
Otro de mis partes favoritas de la novela, es los que son dedicados a la ciudad de Lima, que por cierto Melville llegó a conocer en la vida real, hay unos cuantos capítulos en los que el autor (saliéndose del Narrador Ismael), relata a un grupo de personas en un hotel en algún lugar de Lima, historias sobre navíos, mientras iba tomándose nuestra rica Chicha.
Pero quizás sin dudas, la parte que a mí más me fascinó de este libro, fue la percepción que tiene Melville de la ciudad de Lima, una percepción con la que yo me sentí identificado:
¿No es el recuerdo de sus terremotos demoledores de catedrales, ni la estampida de sus frenéticos mares; ausencia de lágrimas en áridos cielos, que jamás llueven; ni la visión del ancho campo donde se alzan botareles inclinados, yacentes piedras sillares y cruces terciadas (como un astillero de tumbadas flotas ancladas), ni sus avenidas suburbanas con paredes que se apoyan las unas contra las otras como revueltos mazos de naipes, lo que hace que Lima, la sin lágrimas, sea la más extraña y triste ciudad que usted pueda ver? Ello se debe a que Lima ha tomado el velo blanco, y existe el más alto honor en esa blancura que define su tribulación. Vieja como Pizarro, esta blancura mantiene siempre nuevas sus ruinas, no admite el jovial verdor de su decaimiento; extiende sobre sus rotos terraplenes el rígido palor de una apoplejía que fija sus propias distorsiones.
Lima la sin Lágrimas, envuelta en un halo de tristeza.

Bien es cierto que cuando se refiere al velo blanco, coloquialmente los limeños suelen referirse a eso como “PANZA DE BURRO” o “LIMA GRIS” y hace referencia a las nubosidades que cubren el firmamento durante la mayor parte del año, que priva a sus habitantes de la relajante contemplación de un celeste cielo que puede sosegar a veces un corazón angustiado, y que no es casualidad que en los meses de verano, que es cuando el cielo luce más despejado de esas neblinas, los habitantes de esa ciudad lucen más animosas que el resto del año, es cuando pueden apreciar el esplendor de un cielo azul en toda su belleza. En los consiguientes meses, cuando por momentos el cielo se despeja y se puede ver en pleno día aquel celeste hermoso, muchos caminan, sin darse cuenta, con más alegría y ánimo que en uno donde el cielo se encuentre nublado. Lima para casi todo el año envuelto en un halo de tristeza, que impregna de nostalgia a la vida de quienes caminan y habitan sobre sus calles.
Además, el habitante promedio de Lima, poco conoce lo reconfortante y liberador que puede ser sentir a la lluvia caer fuera de nuestras casas, el sentir la nostalgia que un paisaje de gotas de agua limpiando el aire, y golpeando techos, calaminas, hojas de árboles puede a la vez ser una armonía sinfónica de la naturaleza, que a uno le llega a limpiar por dentro al ver al agua limpiarlo todo, y solo los que hemos observado a la lluvia caer a través nuestra ventana, sabemos que puede ser casi un sentimiento de catarsis, cuando luego de la lluvia, nuevamente vuelve a salir el sol, y con ello nuestro ánimo renovado vuelve a reconfortarnos con una alegría indescriptible, como si las gotas de agua caídas del cielo hubieran limpiado también nuestra alma; al no llover en esta la ciudad de Lima, se les priva a sus habitantes el poder mirar al campo y ver como éstos ríen mientras el cielo llora, el placentero olor de la tierra mojada por una fresca lluvia que como una droga, nos llena de una innata felicidad y sensación genuina de bienestar, que aplaca o mitiga cualquier sentimiento negativo que nos pueda embargar en el momento mismo.
En Lima, la sin lágrimas, por su propia naturaleza que priva a sus habitantes de esa purificación que el cielo suele mandar en otros lugares del mundo, hace que en esta ciudad, se respire una cierta sensación de nostalgia perpetua, como si todos sus habitantes jamás hubieran pasado por esa catarsis de liberar en unas pocas horas su nostalgia con la música de una tarde o mañana lluviosa, aquella que relaja escuchar las gotas golpear con un agradable eco cada superficie alrededor nuestro. Melville, que provenía de una zona donde llovía, y que conocía muchas ciudades donde tenían ese privilegio, lo sabía, es por ello, que aparentemente el tiempo en que estuvo aquí, pudo ver al alzar la mirada, aquel color blanquecino que caracterizaría al Moby Dick de su novela, asociando el color blanco inmaculado con los temores más antiguos y místicos del ser humano, el blanco que solemos atribuir a la vestimenta de los fantasmas que solemos asociar a la muerte, o al blanco que ve una persona que perdido en un nevado, asocia a ese color a los últimos momentos de la vida que le queda. Es además aquella característica de esta ciudad, su falta de precipitación pluvial, el que hace que sus parajes sean escasos del color verde que también reconforta la mirada de un observador que dirige su mirada a la lejanía, y que en esta ciudad, anclada en un desierto, está privada de extensos campos verdes del que gozan muchas otras ciudades capitales del mundo.
Es también otra parte del libro donde hace referencia a esta ciudad llamándola:
Lima la corrompida que, por cierto, viene a confirmar su aseveración: Más iglesias abiertas día y noche que salas de juego, y sin embargo… Lima la Corrompida
No es necesario viajar… Todo el mundo es Lima… Yo había pensado hasta el momento, que sus templadas comarcas del norte las gentes deberían ser serenas y santas como las colinas.
Otro de mis capítulos favoritos es cuando el capitán Ahab, trata de arrastrar a la tripulación a su venganza personal. Siendo la principal actividad del barco ballenero la caza de ballenas para la extracción de su grasa, el capitán Ahab, quiere reclutar y usar a los miembros de la tripulación para conseguir su venganza personal. Uno de sus oficiales le increpa, diciéndole que si bien la misión de todos es la caza de ballenas, no pueden permitirse ir tras una ballena específica solo para cumplir la venganza de un solo hombre. El capitán entonces, saca entonces provecho de la codicia de los marineros, Toma un Doblón (moneda) de oro, y promete que aquel marinero que avistase a la ballena blanca, sería el dueño de ese doblón.



Pues eh aquí el mensaje oculto de la obra Moby Dick, muy a parte de las múltiples interpretaciones existencialistas que se le ha dado, bien el libro representa metafóricamente a la humanidad.
El Barco sobre el que navegan los balleneros es el mundo sobre el que los seres humanos existimos, El capitán Ahab, representa a los idealistas fanáticos, políticos y aventureros que viven obsesionados por alcanzar un ideal o glorias personales, el ideal vendría está representado por Moby Dick, algo intimidante, poderoso, escurridizo; representa Moby dick aquello que algunos van persiguiendo a lo largo de sus vidas, la gloria, el poder, el reconocimiento, riquezas, pero así mismo, Ahab, y los líderes políticos, saben que ellos solos son incapaces de ir tras ese ideal que obsesivamente ansían alcanzar, es cuando reclutan a sus seguidores, que en el libro están representados por el resto de la Tripulación, son el pueblo en general, los seguidores que Ahab logra convencer para su arriesgada misión, pero dado que Ahab no puede hacer que su Odio personal también motive al resto de su tripulación, y como no puede hacer que cada miembro de la tripulación odie como él visceralmente al Leviatán Albino, los motiva ofreciéndoles riquezas representados por el Doblón, con la promesa de una gratificación material en caso ayuden a lograr su ansiada meta, de manera que sus seguidores, motivados ahora por su avaricia, y las debilidad humana por la consecución de riquezas, entonces el capitán logra reclutar a su tripulación, para que se le sumen en la consecución de su venganza personal, que nada tiene que ver con la actividad principal para lo que en primer lugar se embarcaron en el barco ballenero.
En el transcurso del relato, el capitán Ahab va encontrándose con múltiples capitanes de navíos, a quienes la primera pregunta que les hace es si vieron a la Ballena Blanca, algunos le contestan no haber escuchado de ella, otros le cuentan sus leyendas de inmortal, y hasta que se cruza con un capitán a quien Moby Dick, le mutiló al Igual que Ahab, una parte de su cuerpo, en su caso, su brazo, pero a diferencia de Ahab, este, más sensato, aceptó su mutilación como un tributo al destino por una segunda oportunidad que le dio el seguir vivo, habiendo sobrevivido al encuentro con Moby Dick, y por ello, no buscaba ninguna venganza personal contra el cachalote, sino que en lo posible solo se dedicaría modestamente a la caza de ballenas sin ninguna obsesión en particular. Ahab trató, de unir fuerzas con ese capitán, para juntos tomar venganza contra el cachalote, pero la obsesión de venganza, solo estaba en el demente Ahab, nadie más que él se había propuesto a darle caza a Moby Dick como logro personal. Este contraste de capitanes que estuvieron expuestos a las mismas circunstancias trágicas, ambos se enfrentaron a Moby Dick, a ambos Moby Dick les cercenó una extremidad pero les perdonó la vida, uno aceptó su destino y pudo continuar con ella, el otro se obsesionó en su venganza; uno vivió tranquilamente valorando y apreciando la segunda oportunidad que le dio la vida, el otro vivía atormentado por su odio y sed de venganza, que posteriormente acabaría consumiéndolo y a toda su tripulación.
A veces en nuestra vida nos encontramos con personas que guiados por la razón, nos advierten del despropósito de nuestra obsesión, pero que cegados, les hacemos de lado, argumentando tercamente que no nos entienden. Cuántas personas van tras un mal amor que los va destruyendo y consumiendo por dentro, y cuántas personas le aconsejan que renuncie a ello, pero cegados por su obsesión, hacen oídos sordos, y se enfrascan en esa trágica aventura que no le aporta la serenidad que se merecen.
Obviamente, la aventura termina mal, desde el primer enfrentamiento queda claro que Moby Dick supera en todo aspecto a los tripulantes del Barco Ballenero, claramente caen en cuenta que posee una inteligencia y una malicia casi al nivel humano, su comportamiento y las acciones de Moby Dick, hacen suponer a los balleneros que lidian contra un ser de la naturaleza con una conciencia propia, y con alguna similitud al pensamiento humano, dan una terrible batalla contra el monstruo, pero Moby Dick escapa, matando a algunos en el intento. Podrían haberse dado por vencidos, pero la negativa de Ahan, hace que en tres días de intensa lucha, Moby Dick, el leviatán Blanco, termina acabando con la vida de todos, hundiendo el barco, y dejando como único sobreviviente a Ismael que vive para contarlo. La trágica historia llega así a su fin, acabando con la ruina de todos y llevándolos a perecer por la locura y la obsesión de un solo hombre.
Partiendo de ellos, la novela tiene una interpretación mucho más profunda.
Se me viene a la mente, todos los gobiernos Totalitarios del siglo siguiente al que fue escrito la novela, es decir el Siglo XX, el paralelismo que más fascinante hallo, es en el Tercer Reich Alemán, más comúnmente conocido como la Alemania Nazi.
Hitler, al igual que Ahab, tenía en sí mismo una ansia de poder y gloria personal, pero viendo que necesita a muchos para llevar a cabo su fanático idealismo, promete a su pueblo la gloria y una supremacía mundial de una nación que les brindará riqueza y prosperidad, como Ahab con el Doblón. De ese modo su pueblo, decide ciegamente seguir a su líder en su locura, pero al hacerlo, Hitler arrastró a su pueblo a la ruina, pues al perseguir a su “Moby Dick” o la dominación mundial, el mundo se le vino en contra y lo terminó destruyendo, acabó no solo con Hitler, sino con todos aquellos que le siguieron en la búsqueda de su obsesivo ideal.
A fin de cuentas, además, se puede hallar en la historia muchos casos similares, donde líderes trataron de seguir un ideal, (Comunismo), y que al hacerlo, acabó llevando a la desgracia y a muchos crímenes a todos aquellos que apoyaron a su líder en un primer momento.
El hombre contra la naturaleza, es una metáfora poética, de cómo los seres humanos por más obsesivos que podamos llegar a desear algo, al final, no estamos a la altura de poder vencer a la naturaleza, muchas veces somos vencidos por aquello que tanto perseguimos.
A veces, nosotros mismos queremos conseguir algo, pero no somos conscientes que hay ideales u objetivos que para seguir tras ellos, estamos potencialmente lastimando a muchas personas, hay cosas a las que tenemos que considerar simplemente inalcanzables, ya que si nos obsesionamos en seguirlas tercamente, podemos terminar autodestruyéndonos a nosotros mismos, y tal vez a las personas que amamos, y a las que juramos nunca lastimar.
Quién en su vida no tuvo un Moby Dick, algún tipo de ideal, un amor al que quisimos llegar, y que obsesionados por alcanzarlo, dejamos de lado el sentido común de las cosas, dejamos de tomar en cuenta hasta nuestra propio bienestar con tal de alcanzar lo que parecía a toda costa alejarse de nosotros, y cuando lo alcanzamos, fuimos destruidos por ese mal amor, que nos hizo sucumbir y que era sin darnos cuenta era autodestructivo, que bien no solo nos termina destruyendo, sino a los que nos rodean, amigos y personas que en verdad nunca debimos dejar atrás, esta novela es una bella metáfora sobre como el seguir con ciega obsesión lo que a toda costa debe seguir su curso, puede terminar acabando con nosotros mismos, y a la vez destruyendo la vida de otras personas.
A veces también estamos del lado de los seguidores que apoyamos a un fanático, que nos utiliza para conseguir sus propios fines, para quien no les importamos en lo absoluto, y más bien nos ve como una pieza más en su rompecabezas para alcanzar su ideal y sus ambiciones, muchas veces al no lograr alcanzar ese ideal que perseguía, se termina hundiendo y con él, arrastrando a quienes creían en él.
Tal como muchas empresas Multinivel que vendieron el sueño de una riqueza a jóvenes ingenuos, haciendo que estos ofrecieran productos alimenticios de baja calidad (ejem FUXION), y pedían a cambio una inyección de capital a sus empresas, y cuando seguir al modelo de negocio fallido fracasó, todos aquellos que ilusionados iban tras ese sueño, quedaron decepcionados, pues estuvieron siguiendo a un ideal, que no era suyo, era el ideal de otra persona, que los usaba para enriquecerse a sí mismo.
Bien podría aplicar lo mismo a los partidos políticos que reclutan a los ciudadanos ofreciéndoles un gobierno ideal a cambio de su adhesión y lealtad, pero que muchas veces, al no pueden alcanzar el ansiado poder, su propio leviatán blanco, terminan sucumbiendo por él. La trágica historia del hombre contra el mundo.


Herman Melville

No hay duda que este libro, tiene mucho material para un extenso análisis y debate académico y múltiples interpretaciones, no es esperar menos de obra tan monumental. A mi en particular, me dejó muy marcado en lo personal y cualquiera que lo haya leído y entendido puede concordar conmigo, la historia de Moby Dick, fue también una metáfora a la vida de su propio autor, él quería alcanzar la grandeza escribiéndola, siguiendo a su propio Moby Dick, pero aunque lo terminó alcanzando, fue víctima de su monumental obra, al final en vida, no pudo alcanzar la grandeza que tanto perseguía,  pues la grandeza que buscaba no estaba reservada para su época. El libro fue un gran fracaso comercial, dejó a su autor endeudado por las pésimas ventas, obligó a Melville a dejar de vivir en la literatura, trabajando en puestos burocráticos para tener que sobrevivir y solventar sus deudas, sin imaginarse lo grande que sería su obra en los años venideros a su muerte, tuvo que morir en el olvido, para que esta obra emergiera y se convierta en una de las más grandes obras de literatura, Melville cumplió al fin de cuentas con su objetivo, se propuso escribir una obra maestra y lo consiguió.
Según Mario Vargas Llosa, la enseñanza más importante que Moby Dick es que aceptar nuestra suerte con estoicismo y sin grandilocuencia es la única manera de sobrellevar con dignidad las adversidades inevitables a que está expuesta la existencia humana.

Dedicado a mi Amigo Elmer


sábado, 18 de julio de 2020

ESCUCHANDO EL INFIERNO




Caminando, por las calles deshabitadas de la ciudad, me llamó la atención un hecho curioso de un niño que estaba en el parque que le decía a su mamá:

-  Mami, mami, mira el cielo la nube me está saludando

 De pequeño me gustaba pegar mis oídos al suelo y escuchar cosas extrañas, recuerdo que trataba de interpretar los leves y misteriosos sonidos que desde el fondo de la tierra creía provenían. Soy sincero al admitir que estaba seguro que escuchaba sonidos extraños, ahora tal vez podría indagar que podrían haberse tratado de vibraciones de pisadas de las personas que estaban a mucha distancia, después de todo, las serpientes si bien son sordas, son capaces de percibir las vibraciones del suelo a través de la superficie de su cuerpo que tiene contacto con el suelo y es transmitida mediante los huesos de las mandíbulas, de manera que pueden saber si alguien se acerca, sintiendo las pisadas de animales o personas.
  
Me habían dicho, repetido, adoctrinado, sugestionado, dogmatizado, de que el infierno estaba abajo, donde las almas se consumían por siempre, el lugar para las personas malas (y los niños que se portaban mal) un lugar destinado para los pecadores, yo también llegué a convencerme de eso, total, es muy fácil meterle ideas fantasiosas a los niños, y yo con la idea concebida de que el infierno estaba allá abajo, me imaginaba que esos sonidos que escuchaba, eran de los demonios atormentando a las desgraciadas almas malvadas, y eso me llenaba de temor y aumentaba mi curiosidad, eso me hacía querer escuchar más.

Mientras lo hacía recordaba la imagen de un cuadro antiguo que tenía mi abuelo, en ella se veía la escena de las personas siendo arrojadas al infierno, caían de cabeza hacia un foso y al final eran recibidos por seres tenebrosos con cuernos y cola, eran los demonios, y el artista había plasmado el rostro de sufrimiento y congoja de los condenados. Esa escena del cuadro, me había, creo sugestionado de pequeño, para imaginarme que escuchaba los alaridos de las almas condenadas que eran castigadas en el infierno.

Mi madre al verme así, en posición tan extraña con una oreja pegada al suelo, me preguntaba qué es lo que hacía. Yo la invitaba a que escuchara junto a mí.

 - Mami, mami, ven escucha, ven escucha el suelo, hay algo allá abajo.
Por supuesto ella nunca lo hizo, quizá porque no creía en su imaginación o porque no quería hacer el ridículo, pero lo más seguro es que tenía la certeza que yo no podía estar escuchando algo real, total, el sentido común de los adultos dice que bajo la superficie solo hay roca pero lo que yo escuchaba parecían ser voces, aullidos, gemidos y lamentos... No miento, recuerdo que yo estaba convencido, quizás mi imaginación entonces era tan grande, que mi inquieta mente hacía real los sonidos, solo sonidos que generaba mi imaginaria mente ante la sugestión de mis propios pensamientos, pero no miento que eso escuchaba.

¿Qué tanta razón tenía yo?, hace mucho tiempo tuve una epifanía, en plena observación, soledad, y encuentro conmigo mismo, sobre las estepas andinas observando el desarrollo de una tormenta, me pregunté si tal vez la naturaleza a través de eventos extraordinarios, trata de decirnos algo, si es que trata de comunicarse con nosotros, pero nosotros no sabemos cómo descifrar el mensaje que nos da, en que tal vez la naturaleza y el universo, a través de sucesos fuera de la comprensión racional, trata de enviarnos algún mensaje, que la naturaleza constantemente nos está hablando, pero el género humano ya no escucha. Viendo el estudio que los hombres de la antigüedad le han dado a los elementos de la naturaleza, me doy cuenta que otros hombres antes que yo han tenido la misma revelación. Los astrólogos se dedicaban a descifrar el misterio de los astros celestes, los adivinos griegos, a interpretar augurios propios de la naturaleza, los andinos buscaban respuestas en las hojas de coca, los babilonios en las vísceras y entrañas de animales, otros trataban de buscar respuestas mirando el firmamento, esperando la respuesta de alguien divino.

Visto esto, se vislumbra que hay un patrón, de que los hombres antiguos buscaban respuestas en elementos de la naturaleza, porque tal vez sabían o descubrieron algo que yo de niño conocí, y que hace poco deduje.

¿Acaso de niño estaba escuchando la voz del planeta tierra?, ¿me estaba diciendo algo?, si es algo que me decía no recuerdo lo que era, pero así como un niño en su inocencia no sabe mentir, yo recuerdo que estaba convencido de ello, recuerdo el sentimiento de frustración al no obtener el reconocimiento de parte de la gente adulta, a la que yo creía incapaces de equivocarse.

Quien sabe, pero según me cuenta mi madre al respecto, el día en que hubo el terremoto del 91, yo estaba muy inquieto ese día escuchando el suelo, me cuentan que estaba pegado al suelo más que de costumbre, me cuenta que afanosamente le decía: 

¡Mami mami, ven escucha el piso, escucha como suena!

Por supuesto que no recuerdo qué es exactamente lo que estaba escuchando, y por supuesto que nadie me acompañó a escuchar el suelo, pero esa tarde aconteció aquel terremoto que dejo en ruinas toda la ciudad, aquel terremoto del año 1991, del que tengo recuerdos vagos, del suelo temblando, de personas desesperadas, de muros y casas derrumbándose, perros aullando, gritos desesperados, los árboles bailando, el estruendo de tejas golpeando el suelo, gritos en la lejanía… Posteriormente, todo había quedado en ruinas, fue un terremoto muy devastador para la época.

Desde entonces nunca más volví a pegar los oídos al suelo e intentar escuchar como sonaba allá abajo, tal vez sugestionado por esas personas adultas, diciéndome una y otra vez lo ridículo que era, tal vez por las penalidades que nos tocó vivir los días posteriores al gran terremoto, es que dejé de hacer aquello, igual no era gran cosa decían, con el tiempo lo olvidé o hicieron que lo olvidara, a veces pienso que llegué a perder esa conexión con el universo, cuando comencé a crecer y a aprender lo que a todo niño le enseñan en las escuelas, dejé de usar mi imaginación para dar paso al sentido común.

Perdí ese código que me permitía entender el universo, y que de niño escuchaba, y que ahora se ve muy improbable que lo vuelva a tener. Me volví uno más de todos aquellos que no entienden lo que les rodea.

Quién sabe si era solo cosa de niños, o dejé que muriera en mí, aquella parte mía que me permitía conectarme con la obra del creador.

jueves, 2 de abril de 2020

FALSA TRANQUILIDAD


     Yo creía que fumando un cigarrillo me iba a sentir mejor y un poco menos tenso, pero fue una mala idea, el resultado fue muy adverso: mi ansiedad, depresión y angustia aumentó, mientras al mirar por la ventana observé paz y escuché silencio sobre aquella avenida que ruidosa servía como cauce a un imparable caudal de vehículos de metal; pero esa paz y silencio no será de tranquilidad, era el sonido del miedo por lo que nos acecha, es la tranquilidad con la que una presa aguarda en silencio a que el depredador pase de largo y no lo encuentre y acabe con él. La humanidad yace guarnecida por temor a un enemigo que no ve, la paz de las calles no de tranquilidad, es por miedo a la muerte.

miércoles, 15 de enero de 2020

AMAR EL CAOS



         El tráfico es agobiante, puede acallar los pensamientos que uno puede tener, desdibujar una sonrisa difícilmente esbozada, derruir el buen humor casualmente adquirido, pero no tiene sentido odiarlo, pues no va a desaparecer por mucho maldecirlo, más si, sería un gran aliado si aprendemos a amarlo, a quererlo, a aceptarlo como parte de nuestra realidad, a sacarle provecho como cuando uno viaja en una carretera y sobre nosotros nos acompaña la luna silenciosa, o un esmaltado cielo de lejanas estrellas que nos bañan de sueños, y nos llenan de paz.

          Me recuerda a una anécdota muy hermosa, que involucra a un Cosmonauta Soviético.
   
       Uno de los primero hombres en ir al espacio fue un cosmonauta soviético, si, los soviéticos fueron los primeros en ir al espacio.

     Y sube en una enorme nave espacial, pero la única parte habitable es muy pequeña, y el cosmonauta esta ahí, y tiene una ventanilla y mira al exterior y mira la curvatura de la tierra por primera vez, el primer hombre en haber mirado el planeta de donde viene, y se deja dominar por el momento.

       Y entonces un extraño sonido empieza a salir por el tablero, desarma todo el panel de control, saca todas las herramientas, quiere ubicar el sonido, parar el sonido, pero no lo ubica, no lo para, no para el sonido, varias horas y sigue, empieza a ser una tortura, pasan los días con el sonido, y sabe que ese pequeño sonido lo vencerá, se volverá loco, ¿y qué rayos hará?, está flotando en el espacio solo en una pequeña lata, le faltan 25 días de misión con ese sonido, y el cosmonauta decide que la única forma de mantener la cordura es que se enamore del sonido, y cierra los ojos, y entra en su imaginación, y cuando los vuelve a abrir, ya no oye el sonido repetitivo, escucha música, y se pasa el resto de su misión navegando por el espacio en completa paz y éxtasis.

        El amor al caos, es la mejor forma de aceptación de esta realidad.


martes, 18 de junio de 2019

HOSTIL

Tú, que tienes nombre y muchos rostros
que aprisionas en tu órbita a tus victimas
tragas a unos, expulsas a otros
pero a todos los marcas en cuerpo y alma
pues tienes en tu horizonte a la obscuridad
y en tu interior: al fuego y la luz
algunos no soportan tu fuego
pocos tomarán de tu luz y brillarán

Y yo, en el limbo
en el incierto horizonte de sucesos
no me tragas ni me expulsas
no me incineras con tu fuego
ni me iluminas con tu luz
pero ya estoy marcado en cuerpo y alma
y de eso no hay remedio ni vuelta atrás
Nunca seré quien fui antes de orbitar en ti

Soy ahora la sombra de lo que fui,
y tú el mismo monstruo que será
cada día más voraz, hambriento y feroz
con más filudas garras,
y con suave voz de sirena
atraes a tu gravitación
de falsas promesas,
de atractivos engaños
a muchas más almas
que inocentes se arremolinan
a tu órbita caótica y cíclica
que prestos a dejarse tragar por ti,
cegados por los sueños que siguen
van tras el señuelo que sostienes
y los atrapas, un alma a la vez,
a veces muchas inocentes a la vez