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jueves, 2 de julio de 2020

CAMINANDO BAJO UN CIELO BLANCO


Deambulaba absorto por las calles pavimentadas de negro ocroso, bajo un cielo blanco grisaseo, con montañas con ventanas a la vista, otrora Apus, hoy activos de bienes raíces, y así absorto sigo andando, mientras miradas angustiosas atraviesan mi caminar, siempre vigilantes, siempre temerosas, de caminar lento y desconfiado, voces calladas con miedo de hablar,  mientras va golpeando mi rostro la tenue brisa húmeda invernal, de rocío helado, frío al tacto, y los miro a todos  ellos, víctimas de un mal invisible que los ha reducido a ser fantasmas tangibles cruzando frente a mí, van de aquí a allá, ya nadie se detiene a conversar, casi hasta prohibido está saludar, sentarse o descansar...  

Las catedrales a puertas cerradas tienen su dogma enclaustrado, también a Dios está prohibido visitar, al menos sus suntuosos templos ataviados de presuntuosa arquitectura, todos ellos, antes refugio de angustiadas almas como la mía, ahora dejan en las calles a los desposeídos de espíritu a las garras y dientes del demonio de la pandemia que los acecha silencioso en las calles, un demonio que nos ataca por dentro sin que nadie pueda verlo, invisible al ojo humano que esparce la muerte en el aire, el miedo es su mayor arma, ha logrado dividirnos, este demonio es real eso sí, es un fantasma recorriendo las calles, no es esta vez una sombra ideológica que intoxica las mentes, esto es menos letal y a la vez algo que todos están empezando a entender y temer, es el terror de quienes no están preparados para ver a los ojos a la muerte, en especial los más débiles.

A paso firme cada quien recorre como si el mañana fuera hoy, en cada mirada se refleja la nostalgia y el dolor por un ayer imposible, recordando vagamente que "todo tiempo pasado fue mejor"... ¡Ingenuos!. 

Olvidan lo malo a lo que estos nuevos tiempos malos pusieron fin, y pronto, en el futuro lejano, lo que es llamado “malo” en esta época y tiempo, será olvidado en retrospectiva, porque es así el tiempo, relativo y misterioso, como son misteriosas las alegrías de los pocos que caminan alegremente en medio de los que temen el ataque de aquel fantasma que ha dividido sociedades y familias. Tiempos estos, en que todos ocultan su sonrisa o su tristeza y solo dejan a la vista la mirada, aprendemos a la mala, a mirar al prójimo a los ojos, cuando antes evitábamos hacerlo por resultarnos intimidante.

Camino y recorro calles, todo es tan aparente, una sociedad que no se detiene, tratando de sobrellevar su vida en el caos silencioso, mientras aquel fantasma ahoga y asfixia en vida a los desdichados, y aquellos que más deudas con el tiempo tienen son los más cotizados por ese demonio invisible que cierne sus garras implacables sobre los pechos de esta humanidad y lo azota como una venganza por daños pasados, destrozando silencioso a familias enteras... Nunca antes la metafórica cita de "está sociedad está enferma" fue tan real como ahora.

Y sigo aquí, de pie, frente a una iglesia, a las puertas clamando piedad, me detiene la indiferencia de una reja que me impide sentir la calma que un templo de Dios suele dar, cuando solo adentro sentía la presencia de Dios, cuando más lo necesito junto a muchos que sin detenerse aquí como yo, piensan como yo, resignados no tratan de orar desde fuera como yo, sino deben luchar contra si mismos, sin el cobijo de un templo dedicado al creador. Es más cruel tratar de hablar a Dios, sin sentir su presencia.

Rondando aún, por las calles tristes, mirar al cielo y ver el manto que cubre el celeste cielo de esta ciudad, “panza de burro” le dicen burlonamente, yo prefiero llamarlo “el abdomen de Moby Dick”, por su blancura asociada a los temores míticos y primitivos del ser humano, después de todo, en esta vida, cada uno  de nosotros somos como el trágico Ahab, obsesivos perseguidores de un sentido de la vida, en búsqueda de Dios, que somos derrotados por esa titánica búsqueda hasta exhalar el último aliento sin jamás alcanzarlo.

Ahora solo veo miradas, lo bueno de una pandemia, es que podemos mirarnos a los ojos, y ver cada uno, el alma interno, y descubrir el universo que llevamos dentro, reflejado en las miradas que vemos al caminar por estás ciudades.

lunes, 11 de mayo de 2020

EL ABISMO

   


    Sumido en la soledad de una habitación que termina siendo todo mi universo habitable, estaba mirando a través de la ventana, a la nada, una pared tapiada directo a la nada, buscaba un alivio en algún lado, y solo tenía eso: Nada, silencio y obscuridad, y frente a mi emergía una sombra obscura que poco a poco iba dominando todo lo que tenía frente a mí, acrecentándose un abismo profundo de una obscuridad absoluta que me hacía pensar en el horizonte de sucesos de los agujeros negros, el punto de no retorno desde el cual nada puede escapar, y aquello que atraviese ese límite tiene un destino incierto en una singularidad que nadie conoce.

     El abismo tiene una fuerza atrayente a los de débil corazón, te incita a mirar su oscuridad, atrae tu mirada y al hacerlo empieza succionar lágrimas de tus ojos que empiezan a fluir a caudales como ríos en días de invierno, y la silueta de una sonrisa que apunta hacia el cielo es deformada y curvada hacia el abismo, el arco se invierte hacia él y la otrora sonrisa ahora denota tristeza, y las lágrimas succionadas de tus ojos empiezan a descender por tu mejilla, humedeciendo tu rostro, volviendo pesada tu cabeza que se inclina hacia adelante encorvando tu cuerpo, en una postura con los brazos caídos también succionados por la poderosa fuerza de atracción que la oscuridad genera, y todo el cuerpo entonces denota derrotismo, en aquella posición es más penetrante e inevitable que se vea al abismo, al terrible abismo y poco a poco su fuerza gravitatoria, va atrayéndote hacia él, hacia la nada que representa esa oscuridad, y sin que te des cuenta, vas mirando al abismo y el abismo va mirando en ti, y tu entras en el abismo y el abismo también entra en ti, hasta que estas sumergido en el, todo alrededor se ha oscurecido, ya no reconoces estar en tu habitación o en aquel lugar al que llamabas “mundo”, y entonces silencio total, todos tus sentidos quedan apagados, quedan privados de las sensaciones perceptivas que te hacían sentir vivo y solo te queda tu conciencia, atrapada en una dimensión que no tiene nada que ofrecerte más que oscuridad y silencio total y absoluto, es cuando te das cuenta que en el abismo no habita ningún monstruo ni demonio, el poder del abismo es aislarte de la realidad y sumirte en la soledad más apremiante que la cordura puede soportar, el abismo te priva de todas las capacidades perceptivas y sensoriales de tus cinco sentidos para que al final quedes atrapado tú mismo con tu peor verdugo: Tu conciencia, quien te atormenta, no existe nadie ni nada que sepa cómo atormentarte ni conozca tus peores miedos que tú mismo, ahora ya estás en la perdición, a dónde sea que mires: tinieblas; no importa cuánto grites: silencio; ni a dónde corras, no hay escapatoria, aún si pudieras huir, seria en vano, pues en este punto ya descubriste que monstruo yace en ti, el abismo solo te ha mostrado quien eres en verdad, y su sabiduría radica en que te puede atormentar mostrándote quien eres en verdad, quien es aquel a quien todos allá afuera en el mundo real deben soportar, y con quien deben lidiar, el abismo te ha mostrado quien eres, desde la perspectiva del observador absoluto, y conoces a verdadero TÚ que tanto daño hace y lastima, aquel que hace cuestionar a tus seres queridos que te vieron nacer ¿Valió la pena cuidarlo tanto?


     El abismo se acrecentaba frente a mí, sentía su oscura atracción seductora, me imaginaba un camino para llegar a esa nada, y entonces en un intento de hablarle al creador, de gritarle mi agobio y me exponga el porqué de esta farsa existencia, me respondió: La nada es todo y debe estar exento de la maldad de mi corazón, y debo abrazar a la luz que emana de la vida, pero que me niego a ver por tener la mirada en el abismo frente a mí, y no en el cielo donde destella la luz del sol, la luna y las estrellas juntas, y que mientras camine mirándolos, jamás caeré en el abismo oscuro, podré vencer su atracción sin dilación, pues la luz de todo aquello que contemplo, me sostendrá de espíritu y me hará levitar por sobre las tinieblas que no podrán ya consumirme. La luz irá a la vez purgando mi espíritu de lo que se alimenta el abismo.

     Atravieso el mar oscuro sin siquiera percatarme de su existencia, pues mi espíritu yace sujeto a la luz y a la iluminación de todo lo bueno y grandioso. Pero en mi recorrido también escucho alaridos de almas caer al abismo, a todos se les dijo que mirasen hacia la luz donde está la salvación, pero ellos necios no confiaron y soberbios caminaron y fueron absorbidos por el abismo y cayeron en su foso, fueron precipitados a la nada.

     Pero aunque mis sentimientos están purgados ya de egoísmo, aun así desisto de mirarles o también caeré, solo puedo gritarles, con toda mi voz que miran al lado equivocado, pero no puedo influir en sus corazones si ellos no están abiertos a la verdad.

    La nada, aquel abismo que al mirarlo por mucho tiempo te puede consumir, es llamado también Depresión.

 


domingo, 3 de mayo de 2020

FANTASMAS Y DEMONIOS


    
   Y estoy aquí, en la obscuridad de mi habitación, tan pequeño me siento y tan abrumado por mis fantasmas que cada noche se colocan a la cabecera de mi cama para manifestarse en dudas y miedos, están allí, se apoderan de mis pensamientos y hasta paralizan mi cuerpo; brazos imaginarios me sostienen a la cama y con algún tipo de magia obscura me succionan la poca alegría remanente que pude haber obtenido durante el día, y postrado allí queda solo este saco de carne y hueso sumido en angustia y ansiedad, miedo e inseguridad, tristeza al borde de la depresión, vacíos existenciales. Cada noche alimento a esos monstruos con la poca alegría ganada a la luz del sol. Y aunque trato de luchar, me siento débil y sin vigor para hacerlo. Alguien una vez dijo que el fuerte, pone a prueba su fortaleza cuando está solo, al parecer no soy tan fuerte como creía serlo, basta con apagar la luz de mi habitación a la hora de acostarme, para que aquellos fantasmas se abalancen sobre mí, y me dejan sumido en la miseria emocional, con cuyos despojos entro en profundo sueño, sueños que difícilmente puedo recordar pues soy privado también de ese beneficio de introspección onírica, y vuelvo a despertar cada día, para tratar de recopilar alegrías en las cosas simples y complejas de mi día, aunque sé que todo ello lo perderé al ir a dormir.

    Malditos fantasmas y demonios, no tienen forma, son intangibles, son entes a los que no puedo nombrar ni ver, no puedo apuntarles con los dedos, ni apartarlos de mí por qué no están en ningún lugar, y al mismo tiempo saben siempre cómo hallarme, están aquí en este momento, mientras escribo, siento sus miradas sobre mí, sobre las palabras que voy escribiendo, les escucho reír... "Es hora de dormir", me dicen "Ofrendanos tus alegrías" me gritan, "No te mereces nada de lo que hoy lograste", me replican

    Pero sé que en algún momento deberé poner punto final a este texto, y cuando lo haga, deberé enfrentarlos nuevamente, sabré que solitario me dirigiré una batalla que siempre pierdo, nuevamente mi corazón será saqueado de la escasa alegría que aún me queda, y quedaré náufrago en el océano de la agónica tristeza que ya me resulta cotidiana, poco a poco la alegría solo va siendo una simple palabra sin significado para mí.

    Y mientras me aproximo a poner el temido punto final a esto, están ahí acechando mis fantasmas y demonios, esperando a que me duerma, todos ellos en coro cantando maléficamente:

"A DORMIR A DORMIR CON TUS OJOS ABIERTOS, A DORMIR A DORMIR CON TUS TEMORES ADENTRO, A DORMIR A DORMIR AUNQUE NO TENGAS SUEÑO"

jueves, 2 de abril de 2020

FALSA TRANQUILIDAD


     Yo creía que fumando un cigarrillo me iba a sentir mejor y un poco menos tenso, pero fue una mala idea, el resultado fue muy adverso: mi ansiedad, depresión y angustia aumentó, mientras al mirar por la ventana observé paz y escuché silencio sobre aquella avenida que ruidosa servía como cauce a un imparable caudal de vehículos de metal; pero esa paz y silencio no será de tranquilidad, era el sonido del miedo por lo que nos acecha, es la tranquilidad con la que una presa aguarda en silencio a que el depredador pase de largo y no lo encuentre y acabe con él. La humanidad yace guarnecida por temor a un enemigo que no ve, la paz de las calles no de tranquilidad, es por miedo a la muerte.

viernes, 5 de abril de 2019

LIBRE

Y vi en el cielo, un negro corazón dibujarse con las nubes. ¿Será una señal?
     Estás extasiado desde que le miraste a los ojos y descubriste un universo escondido en su frágil figura, de sus labios que disfrutas no solo besarlos sino escuchar las palabras que salen de ellas y que hace regocijar tu alma en catarsis.
    ¿A que le temes?, ¿a darte cuenta que es alguien necesario en tu vida?, ¿o llegar a amar a ese espectro que parece Volar libre con el viento?, ¿temes que así como llegó de improviso a tu vida, pueda un día desaparecer sin previo aviso?.
   Te diré algo, las águilas y las palomas se sienten geniales en los cielo, si quieres domarlas, no debes impedirles volar, necesitan surcar los cielos, si aprendes a amarlas, deberás amar el cielo, pues es allí donde se sienten bien, si les das esa libertad, en compensación nunca responderán a otro amo, cada día alzarán vuelo, y cada día regresará a ti, al nido que tu resguardas para ellas, no necesitan estar atadas a ti, si son libres, siempre volverán a dónde se sienten en calor, amarán y serán leales a quien les permite ser libres sin restricciones.

domingo, 4 de marzo de 2018

CUESTIONAMIENTO CONSTANTE


      A veces despierto, y aun es de madrugada, otras ya hace mucho tiempo que amaneció, no siempre duermo lo suficiente, a veces poco, a veces demasiado, pero sin embargo, hay un cuestionamiento constante en cada despertar, ¿y si llegara un día en que nunca más despierte?
Si la conciencia te atormenta, aprende a extirparla, dice una voz, si el dolor te mata aprende a vivir con ella, la negación puede ser mala, pero a veces necesaria para hallar la paz, aprender a no ser consiente que morimos por dentro, nos ayuda a seguir viviendo por fuera, a sentir la calma que afanosamente intenta de alejarse de nosotros.
      A veces, siendo de madrugada, o una noche común y corriente, tratando de no mirar más el caos que los humanos creamos, echo un vistazo al firmamento.
Las estrellas son las únicas fuentes de luz que alumbran mis miedos, ellas están cerca mío todo el tiempo, y aunque no las pueda ver, sé que están allá, luchando como yo, contra la obscuridad que cierne el vacío, en la inmensidad de lo inconmensurable, luchando contra la entropía del universo, pero al final, como todo, terminarán muriendo. Pero lo bello de la existencia, es que es cíclica, las estrellas moribundas darán vida a quizás a nuevas estrellas y planetas, o quizás terminarán colapsando en un agujero negro que se convertirá en la analogía de la muerte cósmica.
      Pero yo, no deberé cerrar el círculo, mi cuerpo debe ser dador de vida, morir y ser enterrado en un bosque, que sobre mi tumba sea sembrado un árbol, de profundas raíces y frondosa copa, donde las aves construyan sus nidos, y a donde las abejas vayan a recolectar el néctar de las flores, un árbol donde las hormigas caminen, y donde los animales o alguna persona encuentre sombra y cobijo, un árbol que recicle mi parte corpórea, mientras mi alma, bueno, no estoy seguro que pasará con ella, o si no es una ilusión, o solo algo que está directamente ligado a mi cuerpo, que al morir, mi alma dejará de existir, como un programa de computadora, que al descomponerse la máquina, el software morirá con ella.
      Pero también, a pesar de todo lo malo que nos toca vivir, hay algo que es innegable, puede que la muerte sea un enigma, como una singularidad, pero la vida es hermosa, y el hecho de tener que lidiar con la muerte, con ese final del camino, hace que su brevedad sea hermosa, pensar en la vida sin que exista la muerte debe ser peor de frustrante, como se decía que los Dioses Griegos, envidiaban a los mortales, porque los observaban tan frágiles, y cualquier eventualidad podía acabar con ellos, y ser conscientes de ello les hacía aprender a valorar cada cosa del mundo, mientras que ellos, los inmortales, conscientes de que no gozaban del fin de su existencia, estaban condenados a ver pasar frente a si a generaciones tras generaciones de hombres que nacían y morían, y en su aburrimiento, solo les quedaba, usando al destino para entretenerse viendo como los mortales pasan pericias, que a fin de pasarlas, o morían en el intento, o sobrevivían, pero que a pesar de todo, en algún momento también morirían. La muerte era lo único ajeno a los dioses, por eso nos miraban con envidia.
      La vida y la muerte son dos estados de la existencia, sin vida no hay muerte, y sin muerte no nace nueva vida, aprender a amar la vida, y a no temerle a la muerte nos llena de paz interior, puede que todo tenga un propósito, o tal vez nada lo tenga, y sea ésta nuestra oportunidad de ser protagonistas de un único lapso de tiempo que tenemos de estar vivos, ser felices y disfrutar, porque después de nosotros, le tocará a alguien más gozar de la experiencia de la vida.

sábado, 30 de diciembre de 2017

SILENCIO

Desearía acallar a este silencio, opacador de las calmas aguas de mis pensamientos discurrentes hacia la serenidad, pero me apabulla, el silencio me ensordece hasta quitarme las ganas de existir, de soñar, como una malvada liana me enreda de los pies y me arrastra hasta el fondo del abismo, y nada me puede ayudar, quizás escuchando una voz, una única voz podría disolver esa mano invisible que no me deja existir, cuyas manos las siento oprimiendome el cuello hasta estrangularme.  

Quizás solo un susurro diciendo mi nombre, y ese monstruo sofocador se desvanezca en el aire. El silencio reina, impera, y una sola palabra pronunciada por una sola persona puede rescatarme del abismo donde soy prisionero. 

viernes, 18 de agosto de 2017

LIMBO





Que frágil es la vida, que breve la existencia, si pudiera contarlo todo jamás terminaría,  existir es sufrir, y amar es necesario para hacer llevadero al sufrimiento. Todo esto pensaba mientras observaba el techo de mi casa recostado sobre mi cama, “quisiera que el techo desapareciera para poder contemplar el vacío que tenemos sobre nuestras cabezas”, todo esto pensaba en una tarde cualquiera.

Era una calurosa tarde, cuando aún el calor era constante, antes de las frías tardes de invierno. Sentí la llamada hacia aquel cementerio, una voz oscura que retumbaba en mis pensamientos, como una constante inamovible que en sueños me llenaba de ideas, así que fui, dispuesto a ver qué me llamaba.

Me dirigí al cementerio, con mis pensamientos orbitándome, ideas, miedos, inseguridades atormentándome, el aplastante pasar del tiempo que no tenía piedad de mí, llegué a la puerta, vi personas varias ahí, los típicos vendedores de rosas, y muchos más entrando junto a mí, temía que los vendedores inoportunamente me acosaran para venderme sus mercancía floral, pero nadie se percató de mi presencia, así que librado de aquel acoso, tranquilamente entré. Ni la muerte es motivo para comerciar con el dolor, pensé.
  
Me adentré en el cementerio, caminando sin rumbo alguno, al principio éramos un grupo de personas que entramos, pero ya dentro, cada uno tomó distintos rumbos, hasta quedar yo solitario en un rincón de aquel cementerio.

Caminé y caminé, por las frías tumbas descuidadas, corroídas por el tiempo, consumiéndose lentamente por la erosión del olvido, yacían lo que quedaba de aquellos que sobre la tierra, una vez desbordaron de vida.



Las personas que yacían dormidas inertes sin conciencia, en ese escaparate de la muerte, me hacía pensar en lo efímero que es la vida.

E imaginé los sueños sin cumplir, que aquellos cadáveres se lamentarían si tuvieran la oportunidad de lamentarse.

Y una voz oscura, me susurra al oído, una voz que no provenía de ningún lado, me dijo:

“Ya está reservado tu aposento en este lugar”

Asustado corrí, huyendo de lo desconocido, del misterio que al no hallar explicación del origen de esa la voz, me heló la sangre de pies a cabeza, mi corazón saltó y latió con tal violencia, que sentí apretujarse en mi pequeño y frágil pecho, sentí la sangre abandonar mi rostro, y a mis extremidades tomar vida propia, sin que yo lo pensara, me encontraba huyendo, corriendo hacia la salida, huyendo de ninguna cosa, lejos de aquellas tumbas, y el silencio era ruidoso, la tranquilidad otrora reconfortante, era ahora una horrible pesadilla, corría y corría, hacia alguna salida, pero no había tal por ningún lado.



Tropecé con un anciano, que al golpearlo se desvaneció con el viento, no sin antes mirarme con una miraba desoladora, y decirme algo inteligible, que entendí como palabras burlonas.

Todo era gris, la serenidad de las tumbas me parecía ya tétrico, deseaba el caos de la ciudad, el ruido de la avenida, el caótico desorden ruidoso que caracteriza la vida, no ese lugar de paz tenebrosa.

Los matorrales del cementerio, los únicos seres vivos de aquel lugar, a pesar su color verde, lucían más siniestros aún, siendo parte de la tranquilidad mortuoria reinante en ese laberinto de tumbas, de la cual eran parte del paisaje desolador, parecían asomarse de entre las tumbas para saludarme y observarme silenciosas en mi tormento cruel. Caminaba buscando la salida, no podía hallarlo, grité para pedir auxilio, esperanzado en que alguno que por ahí rondaba, viniera en mi ayuda, grité y grité, hasta casi sentirme desfallecer, mi grito apenas produjo un eco entre los callejones de aquellos pabellones de nichos, y ninguno vino a mi ayuda, grité y grité hasta casi perder el conocimiento, hasta enrojecer mi garganta y marcar las venas de mi rostro, sin respuesta alguna, y sintiendo la inexplicable sensación de ser observado burlescamente por aquellos matorrales de plantas verdes tenebrosas, yo decidí entonces, aún con más desconcierto, seguir en mi infructuoso intento de encontrar una salida.



“Es solo un sueño” me repetía con premura, deseaba despertar en mi cama, regocijarme al ver que nada de aquello era real, que era todo solo una fantasía de mi mente aturdida.

Corro y corro y siento no avanzar, una larga fila de árboles, arbustos y pabellones de tumbas, que parecen no acabar, y me asusté, tanto que me sostuve sobre el busto, una estatua de alguien que sobre una tumba ahí había.
Una pesadilla, eso debe ser – pensé en mi – una larga y horrible pesadilla, solo tengo que esforzarme en despertar.
Y el busto sobre el cual me había sostenido, de pronto volteo la cabeza y me miró con sus ojos de mármol, y me dijo.
 “No es un sueño si no has dormido, no es la vida si no has vivido, ni la muerte si aún sigues aquí, estás en un punto intermedio, estás sobre el limbo.”

Espantado aún más, di un salto y solo corrí, ¿qué es lo que pasa aquí?, me pregunté, y corría a través del laberinto infinito de tumbas, el cielo se había nublado, el sol apagado su brillo, y todo bajo el cielo cayó en penumbra, no encontraba el camino que me llevara hacia la salida, todo era tan igual, inacabable, no podía tomar nada como referencia, todo eran tan repetitivo, tan cíclico, que me encontraba perdido entre multitud de tumbas anónimas, y los arbustos omnipresentes como testigos mudos de mi penuria estaban en todos lados, sentía algo en mí, que de mí se reían.



Qué significará todo aquello, en tanto caminar, decidí correr, y corrí con todas mis fuerzas buscando pronto llegar hasta el final de aquel lugar, hacia un muro que significara el límite de aquel cementerio fatal, y corría y corría, mis fuerzas se iban, y ni siquiera vestigios encontraba de que iba a algún lado, todo era tan igual, mi titánico esfuerzo parecía banal, los mismos patrones, tumbas, y oh, esos arbustos tenebrosos que contrastaban con el blanco mármol de las tumbas y nichos, que parecían observarme burlescamente en mi inútil intento de escapar. En tanto correr tropecé con otro anciano, al chocar contra su cuerpo, reboté y caí al suelo, sobre la tumba de alguien, aquel anciano, igual que el anterior, se desvaneció como el aire, no sin antes decirme “empieza a lamentarte por todo aquello que en vida jamás hiciste”.

Al querer reponerme, me apoyé sobre la lápida de aquella tumba sobre la que caí, y me llamó la atención, que no llevaba nombre alguno, salvo ver escrito en ella, un extenso epitafio tallado sobre el mármol, y aterrado comencé a leer el escrito que comenzaba así:

“Que frágil es la vida, que breve la existencia, si pudiera contarlo todo jamás terminaría,  existir es sufrir, y amar es necesario para hacer llevadero al sufrimiento….”


 

Feat: Señor Jugo Negro